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Bares de la eterna juventud

CON NOSTALGIA

Bares de la eterna juventud

10.09.10 - 00:33 -
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En contraste con la breve vida de algunos bares de Valencia, que tan sólo resisten unos meses en funcionamiento, hay un reducido grupo de locales que, además de superar varias décadas en pie, siguen atrayendo a las nuevas generaciones, lugares que los padres recuerdan con nostalgia y que ahora frecuentan sus hijos.
Tan mítica como el actor que le dio nombre, la coctelería Christopher Lee lleva seduciendo a sus clientes desde que abrió sus puertas en 1971. El intérprete que inmortalizó a Drácula es el protagonista de la decoración, pero comparte las paredes con Gary Cooper y Grace Kelly, entre otros, así como con antiguas máquinas de escribir, viejos teléfonos y lamparitas art decó. Merche, enfermera de 57 años, fue clienta asidua de la coctelería «porque era mágica, nos hacía sentir como en una película» y ahora es su hija, Silvia, psicóloga, la que se deja cautivar por los coloridos combinados y ese ambiente casi onírico del lugar.
Un emblema de la vida valenciana era y sigue siendo el Café Lisboa. Durante los 80 estuvo situado en la calle Cavallers. En estos años el Lisboa, regentado por Toni Rodilla y Josep Maira Benet, fallecido hace dos años, fue uno de los epicentros de la vida cultural de la ciudad, pues albergó numerosas tertulias de poesía y exposiciones fotográficas. Este Lisboa recogió a una generación de artistas, filósofos y estudiantes ávidos por expresarse en un ambiente tan acogedor como el que ofrecía el café. No obstante, a principios de los noventa 90 se mudó detrás de la Lonja.
En esta nueva ubicación ganó una terraza y mantuvo una clientela fiel, sus característicos pigmentos granate, azul y amarillo y un ambiente cálido y cosmopolita.
Además, ahora cede sus paredes como «medio de expresión» para jóvenes artistas, según explica Rodilla, alma del Lisboa y buen conocedor de su clientela. Muchos de los que dejaron pasar las noches entre sus mesas, hoy vuelven con sus niños, a quienes Rodilla ha visto crecer. «A veces llega el hijo de algún cliente habitual con la novieta y hay que decirle que sus padres están en la mesa del fondo, por si no quiere presentarla aún», comenta entre risas.
Cambiar el mundo
Leo y María, perdieron la cuenta de las horas consumidas en torno a una cerveza en el antiguo Lisboa donde «sentíamos que podíamos cambiar el mundo, era emocionante». Con los años le perdieron la pista al local, hasta que su hija Sara les habló de «ese sitio tan especial» que había encontrado por El Carmen y al que acudía tras las clases. La ubicación no era la misma, pero la atmósfera, el café y las cañas seguían manteniendo ese aura chispeante de siempre.
La zumería Naturalia, la más antigua de Valencia, abrió sus puertas hace 29 años y no ha parado de ganar adeptos gracias a su centenar de combinaciones frutales y sus crêpes. Quienes regresen a ella descubrirán que durante sus tres décadas de vida Naturalia no ha modificado su imagen. El local conserva la moqueta roja y verde, las lámparas siguen decoradas con sombreros de paja y las sillas de mimbre continúan repletas de coloridos cojines. Agustín, que empezó aquí de pinche y ahora es co-gerente, recuerda que en sus primeros años la zumería era visitada por «currantes», mientras que ahora su clientela habitual son universitarios.
No obstante, cuando algún antiguo 'zumero' pasa por allí, el lugar se empaña de nostalgia y los visitantes rememoran con Agustín «los viejos tiempos» cuando iban a Naturalia «a festear» con la novia que después se convertiría (o no) en esposa. Éste es el caso de Juan, 45 años y economista, que se cameló a Teresa entre fresas y naranjas. «Era el sitio perfecto para ligar, bonito y tranquilo, a las chicas les encantaba y uno parecía ser muy sensible», recuerda entre risas. Ahora Martín, el hijo de ambos, de 18 años, merienda aquí muchas tardes «pero con mis amigos», puntualiza rápidamente. Este local, que Agustín veía como «la novedad del momento, que no duraría mucho», se convirtió en referente y pronto aparecieron otras zumerías que emulaban su espíritu.
30 años en pie
El polifacético Radio City lleva también treinta años en pie, aunque ha cambiado de manos varias veces. Cuando comenzó, era un local de copas para jóvenes asiduos al Carmen. Entre ellos estaba Andrés Resto, arquitecto de 61 años, quien solía acudir con sus amigos «para echar unas risas». Ahora, su hija Andrea, de 21 años, la que, se deja caer por allí las noches de fin de semana «a bailar un rato». Así, Radio City pasó de ser un local informal de copas a un abanderado de la música experimental. Este nuevo enfoque ha hecho que atraiga a los jóvenes extranjeros que visitan Valencia.
El Bounty club lleva animando las noches de la ciudad desde 1968 y es una de las discotecas más antiguas de Valencia. En estos años no ha modificado apenas la decoración por lo que los nostálgicos se reencontrarán con sus peculiares sofás, aunque remozados, 18 bolas de espejo sobre la pista de baile y una moqueta que cubre suelo y paredes.
Otro clásico de la noche valenciana es la discoteca Calcatta, que se hizo famosa por estar ubicada en un palacete del siglo XVII. Los años pasan y pesan, pero, por suerte, aún es posible volver a esos rincones eternos.
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La terraza del Lisboa es un coqueto rincón que atrae a jóvenes y mayores por igual. :: IRENE MARSILLA

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