Embarazada, amordazada y esposada. Minutos de angustia y miedo en presencia de dos menores. Todo por un robo. La Policía ya busca a los autores. Los hechos sucedieron alrededor de las diez y media de la noche del pasado sábado, cuando R. H. M, una mujer de 25 años y embarazada de 5 meses, se disponía a salir de su domicilio, en el número 7 de la calle Carrícola, en el valenciano barrio de Jesús. La joven iba acompañada de su hija, de un año, y su sobrino, de 9. Tenía la intención de ir al domicilio de su hermana, situado en las proximidades.
Sin embargo, tres delincuentes se cruzaron en el camino. Al abrir la puerta de la vivienda, en el segundo piso, la embarazada se topó con tres individuos encapuchados que aguardaban en el rellano. El susto fue monumental. En una reacción lógica, producto del miedo, intentó cerrar de un portazo. Los encapuchados se lo impidieron, y se identificaron verbalmente como policías. Una táctica frecuente en los delincuentes para conseguir sus objetivos.
Una vez ya dentro del piso, uno de los tres ladrones sacó una pistola y apuntó a la cabeza de la mujer. Le amenazó de muerte y tras esposarla con unos grilletes similares a los utilizados por la Policía y la Guardia Civil, le dieron un empujón. La mujer cayó y entonces fue amordazada con un pañuelo para evitar que gritara. Al menos uno de los asaltantes tenía acento suramericano, según relató posteriormente la joven a sus familiares,
El bebé fue lanzado con violencia sobre el sofá, mientras que el sobrino, de nueve, fue arrojado contra el piso. Una vez en el suelo, uno de los asaltantes le impedía moverse al mantener pisada su cabeza. Los menores fueron obligados bajo amenazas a guardar silencio.
Tras registrar el domicilio, los asaltantes se marcharon llevándose una maleta y dejando a la mujer engrilletada. La embarazada, tras liberarse del pañuelo que tenía en la boca, corrió hasta el balcón para pedir auxilio a sus vecinos. A pesar de que varios de ellos se encontraban en un bar, prácticamente junto al portal de la finca, nadie pareció escuchar los gritos que llegaban desde el segundo piso. Según declaraciones a LAS PROVINCIAS de los clientes del local, no percibieron que estuviera ocurriendo nada anormal y afirmaron que no oyeron nada. Sólo un hombre admitió haber oído los gritos, aunque reconoció que no prestó demasiada atención porque estaba hablando.
El menor de 9 años salió de la vivienda y se fue corriendo a casa de su madre. Nada más llegar, el padre bajó corriendo porque pensaba que le habían pegado otros niños. Al relatarle lo sucedido, la familia se desplazó con urgencia hasta el cercano domicilio. Al entrar en él, encontraron a la mujer desmoronada y todavía esposada, junto a su hija, que no dejaba de llorar.
Su mismo cuñado se encargo de llamar primero al 091 y después al 092. Fueron los agentes de la Policía Local los primeros en llegar al lugar y prestar atención a las víctimas, aunque instantes después acudían varias unidades del Cuerpo Nacional de Policía.
La mujer, dado su avanzado estado de gestación, fue trasladada para evaluar su estado al hospital Doctor Peset.











