Miles de personas de todas las edades y condiciones volvieron ayer a vestirse con el traje de su comparsa o escuadra para rememorar de manera festiva la conquista del castillo de la Atalaya por las huestes árabes, hace ya más de ocho siglos. Pese a las decenas y decenas de años que los villenenses llevan celebrando Moros y Cristianos, cada nueva edición de la fiesta parece que sea la primera vez que desfilan. Lo mismo da si se trata de un niño como de un veterano festero. Todo el mundo rebosa efusividad y alegría durante el trayecto que, año tras año, recorren las catorce comparsas por el centro de la capital del Alto Vinalopó.
Esta pasión se transmite, sin duda, a los cientos de espectadores que contemplan casi extasiados el paso de las escuadras con originales boatos que hacen las delicias de pequeños y mayores. Cuando alguien visita por primera vez las fiestas de Villena entiende porqué el público es capaz de resistir horas y horas de desfile sin moverse de sus asientos que han tenido que alquilar previamente, sin reparar en el tiempo perdido en las colas que suelen formarse en la Casa del Festero, Las escuadras se afanan cada año en provocar la sorpresa a propios y extraños, exhibiendo vestimentas y complementos nunca antes vistos en ningún otro evento. Pero, además, los villeneros y, sobre todo, las villeneras -desde que en el año 1980 se les permitiera participar en los desfiles- desprenden un donaire especial a la hora de lucir sus trajes, ya sea de mora como de pirata o contrabandista. Ayer, volvieron a demostrarlo con creces desde que a las 5 de la tarde, los Moros Viejos iniciaron el tradicional desfile de la Entrada que cerró la comparsa de Cristianos.
El maestro pastelero, Paco Torreblanca, fue el encargado de pronunciar al mediodía el pregón de fiestas desde el balcón de la casa consistorial, arropado por la regidora mayor, Judit Díaz e infantil, Inmaculada Ruiz, además de la alcaldesa de la ciudad, Celia Lledó. El artesano de los dulces deleitó a sus paisanos con emotivos recuerdos de su infancia vivida en Villena.
Actos de hoy
Esta tarde, la Mahoma se convierte en protagonista de la fiesta. Después de un infructuoso parlamento entre embajadores que deriva en una guerra de arcabuces, los moros más viejos del lugar tienen la misión de plantar esta peculiar efigie en lo alto del castillo de la Atalaya. Allí permanece hasta el próximo día 8 de septiembre, cuando tras la reconquista cristiana será devuelta a la población de Biar. La espectacular Cabalgata nocturna apenas deja tiempo a los festeros para marcarse un baile en alguna de las numerosas verbenas.








