Creía que después de tantos años realizando planes de calidad, estudios específicos de atención al cliente y gastando a espuertas el dinero de los contribuyentes, obviamente se habrían mejorado procesos, etc. etc., pero otra vez me han sorprendido en mi antigua empresa (RENFE-ADIF), por la escasa sensibilidad mostrada con los clientes y sus acompañantes, así como por la nula previsión de las necesidades logísticas de los mismos.
El día 2 de septiembre fui a recoger a mi suegra a la estación del Norte de Valencia y uno de los vigilantes de seguridad que se encargan de realizar la pantomima de escanear los equipajes por motivos de seguridad (puedo explicar porqué es una ridiculez) no me permitió acceder al andén para ayudar a esta anciana de 80 años que venía de su Linares natal cargada con su equipaje, omitiendo que existía una posibilidad de hacerlo si obtenía un pase en la oficina al efecto.
Una vez recibida, ésta me refirió los servicios a bordo que no funcionaban, entre ellos los de entretenimiento al pasaje (no pudieron visionar película ni documental alguno) y nos encaminamos hacia el parking habilitado por ADIF dónde aparqué mi vehículo, descubriendo que, insólitamente, el carrito de los equipajes debía devolverlo a más de 400 metros (sólo se reagrupan en la parada de taxis).
Aquí no acabaron las sorpresas, porque a la hora de abonar el aparcamiento que, no tiene en cuenta si ha sido utilizado por un cliente o por cualquier otro interesado de un aparcamiento público en el centro de la ciudad, pude comprobar que las tasas son superiores a la inmensa mayoría de los existentes en Valencia.




