Será porque la noticia ha caído a finales del tórrido verano, será porque la Bruni es etérea y nada logra mancharla, será porque Irán nos pilla muy lejos o porque nuestros líderes de opinión carecen de los redaños necesarios, la noticia de los graves insultos y amenazas vertidos por un diario iraní contra la primera dama de un país occidental, ha pasado sin pena ni gloria. De hecho cuando interrogué a algunos amigos por lo sucedido me miraron como si les preguntara qué número iba a tocar en la lotería de navidad; vamos, que no tenían ni idea.
El motivo que ha soliviantado los ánimos del diario iraní hasta el punto de calificarla de «puta italiana» (con perdón) que «merece morir», es que la Bruni -a estas alturas es cómo de la familia- osó apoyar la plataforma que pretende impedir la lapidación de Shakine Ashtiani, condenada por adulterio, y obligada a autoinculparse como cómplice de la muerte de su marido ante las cámaras de televisión, después de haber sido absuelta de ese cargo en el juicio -algo que los que justifican los hechos pasan por alto-. Pero es lo que sucede en los países en los que la Inquisición sigue vigente y domina los órganos de poder.
El apoyo a Shakine no es tanto el apoyo a su persona -una víctima más de las muchas que ha habido y habrá, hombres y mujeres- como el grito de la civilización contra la barbarie institucionalizada y la discriminación hecha ley, que es la situación actual de los países regidos por la Sharia. Países que regulan cómo debe ser el tamaño de las piedras para lapidar com Deu mana, ni muy pequeñas, ni muy grandes (artículo 104 del código penal de la República Islámica de Irán).
Y aquí, tanto llenarse la boca de igualdad, tanta tarjetita roja, y con este caso ni Bibiana Aido, ni las plataformas habituales han dicho esta boca es mía; ya no con lo de la Bruni, que dentro de ser grave no pasa de una falta de respeto globalizada -si las amenazas no pasan de ahí-, sino con el caso de Ashtiani, que de momento ya lleva 99 latigazos en el cuerpo y lo que te rondaré morena. Ni palabra. Lo que decía antes, será la distancia.





