La tecnología para el tratamiento de residuos evoluciona a un ritmo vertiginoso. Tanto, que las basuras de la provincia de Castellón -todavía sin destino claro en las comarcas del norte- pueden acabar formando parte de un proyecto piloto que lleva poco menos de un año en pruebas y para el que la Unión Europea acaba de conceder 2,3 millones de euros para dos años dentro de su programa de incentivos Life+, en su apartado de Política y Gobernanza Medioambiental.
El proyecto, presentado por la empresa Sanea Tratamiento de Residuos -con cuya planta de Constantí ha firmado Reciplasa un convenio de colaboración-, prevé desarrollarse entre el próximo 1 de octubre y el 30 de septiembre de 2012 y pretende desarrollar «la primera demostración completa de despolimerización catalítica para el tratamiento de los residuos sólidos urbanos». Esta tecnología permite la conversión de las basuras biodegradables en gasóleo sintético, que es, precisamente, el tratamiento al que se someterán 24.000 toneladas de residuos procedentes de la planta de Onda durante los ocho meses que durará el convenio con Griñó Ecològic, un acuerdo prorrograble en función de los resultados.
La tecnología que permite convertir las basuras en combustible diésel se está aplicando ya en la planta que Sanea, del Grupo Griñó, tiene en Constantí desde el mes de septiembre de 2009, aproximadamente, en forma de pruebas. La experiencia piloto, ideada inicialmente para unas 18.000 toneladas, puede acabar recibiendo las más de 60.000 toneladas de residuos que supondría derivar lo que se genere en los municipios de Els Ports y el Maestrat, además de las del convenio con la empresa pública de la Plana.
Habrá que esperar, en cualquier caso, a que el consorcio de la zona norte convoque a su junta directiva, una vez se dé traslado por escrito de la propuesta de Reciplasa, para conocer el posicionamiento oficial de los 49 municipios del área norte de Castellón sobre el futuro de sus residuos urbanos.
El conflicto por el destino de las basuras de Els Ports y el Maestrat, provocado por los retrasos acumulados de la planta y el vertedero previsto en Cervera desde hace más de cinco años, se ha recrudecido en los últimos meses con motivo de la próxima clausura del vertedero de Vilafranca, donde depositan sus desperdicios una veintena de municipios, la mayoría pequeños, del norte provincial. El vaso, que estaba previsto sellar el próximo septiembre, podría seguir recibiendo basuras un mes más, pero nunca más allá de finales de este año, según ha reiterado en diversas ocasiones el alcalde de Vilafranca, Óscar Tena, con el beneplácito unánime de los municipios de la zona. Otras poblaciones del mismo consorcio, como Benicarló o Vinaròs, también buscan 'in extremis' ubicación para sus basuras.








