Entierros 'low cost' sólo para los necesitados

Una emprendedora de 19 años ha organizado ya los funerales de tres inmigrantes sin recursos fallecidos en dos meses en Valencia La empresaria funeraria más joven de España abre su negocio en Mislata

J. A. MARRAHÍVALENCIA
Cayetana, junto a ataúdes de La Esperanza. ::                             J. C. BARBERÁ/
Cayetana, junto a ataúdes de La Esperanza. :: J. C. BARBERÁ

«Todo lo que das en la vida tarde o temprano se te devuelve». Cayetana Fermín, una canaria de 19 años y fuertes convicciones religiosas, tiene las cosas claras. «Quien lo necesite de verdad tendrá nuestra ayuda, un entierro tan digno como el que más, pero a precio de coste». Esta es la premisa y la promesa con la que nace, en Mislata, la funeraria La Esperanza. A la cabeza está la empresaria de pompas fúnebres más joven de España, que terminó sus estudios para dar el salto, sin más preámbulo, al negocio del último adiós. «De las muñecas, a los ataúdes», como resume ella misma.

Cayetana nació en Canarias pero ha pasado buena parte de su vida en Málaga, de donde es su padre. Allí cursó tanatoestética y tanatopraxia. «Es un mundo que siempre me ha llamado la atención, en el que creo que puedo ayudar a las personas en momentos difíciles».

Sus padres, Eduardo, de 51 años, y Marisela, de 48, han sido su principal apoyo para que la funeraria eche a andar con una inversión de 100.000 euros. Ahora él es chófer del coche fúnebre y su esposa, la encargada de la administración. La joven prepara los cuerpos sin vida, organiza los entierros y atiende al público. «Somos un negocio familiar, en estructura y en trato. Nos podemos permitir prescindir de ganancias en los casos de personas más necesitadas», explica.

¿Por qué Mislata para abrir el negocio? La idea surgió cuando Cayetana aún contaba con 18 años y terminaba su formación en Málaga. Miembro de una familia con experiencia en funerarias, consideró que Valencia reunía las condiciones más adecuadas. «En la capital ya no quedan funerarias familiares, sólo en los pueblos. Además, Valencia no tiene requisitos tan duros como otras ciudades. En Madrid, si no tienes 10 coches fúnebres no puedes abrir un negocio», detalla.

Y así fue como, hace dos meses, La Esperanza abrió sus puertas. Con 19 años preparó su primer cuerpo, ya como profesional. «Lo había hecho antes, en las prácticas. Pero ya no me impresiona, y eso que lo hice sola y de noche, en un domicilio. Un cadáver es como una persona dormida», describe.

«Estaban desesperadas»

En los dos meses que lleva funcionando, el negocio ha organizado 20 entierros y tres de ellos, con vocación humanitaria, a precio de coste. El más complicado ha sido el traslado a Mali, por 3.400 euros, de Mamadou Yacouba Keita, el joven de 26 años que el mes pasado falleció al intentar salvar a un niño que se ahogaba. «Hemos sentido mucho el agradecimiento de su hermano y sus familiares», reconoció la joven.

El primero fue el de un boliviano de 60 años fallecido en Valencia. «Su mujer y sus hijas estaban desesperadas. No podían hacerse cargo del funeral. No encontraban nada por menos de 1.700 euros y entre todos los familiares habían reunido 500. Por ese precio pusimos un féretro tan digno como el de cualquier persona, velatorio, centro de flores, preparación del difunto, cremación y los trámites del traslado», ennumera.

A partir de ese funeral, el cónsul de Bolivia en Valencia citó a Cayetana para un acuerdo de colaboración. Al poco tiempo llegó el siguiente trabajo que se hizo a precio de coste. El entierro de otro boliviano que falleció atropellado por un coche en Valencia, hace dos semanas, cuando cruzaba la avenida Pérez Galdós.

La joven empresaria no utiliza ninguna técnica especial ni documental para distinguir aquellos casos en los que tiene que aplicar rebajas solidarias. «Basta sólo con mirar a los familiares a los ojos, con ver su desesperación, con analizar como visten o entrar en sus casas», resume.

La funeraria toma su nombre de la virgen malagueña Nuestra Señora de la Esperanza. Y pretende seguir siendo eso mismo, una esperanza para quienes realmente lo necesiten. Este es el juramento de Cayetana: «Si la voz se corriera y todos los clientes que nos llegaran fueran personas sin recursos tendrían su entierro digno y a precio de coste. Lo garantizo. No me planteo cómo saldremos adelante sin ganancias, pero el Señor siempre abre una ventana».

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