Tradiciones veraniegas: el posado de Ana Obregón, cada año más joven, más mona y más natural; mi artículo contra las chanclas y las camisetas sin mangas, batalla condenada al fracaso, como demuestra el hecho de que cada vez se ven más hombres por la calle no con camiseta sin mangas ¡sino sin camiseta!; una huelga en los aeropuertos, de pilotos o controladores, tan previsible como la huelga de maquinistas del metro en Fallas; y por último, que los organizadores de la Campus party amenacen con irse de Valencia. ¡No, por favor, no se vayan! ¿Qué sería de nosotros sin la Campus party? Es más, ¿quién conocía Valencia antes de la Campus party? Llamo a los hoteles, sobre todo a los de lujo, llamo a los restaurantes, llamo a las tiendas de moda, llamo a los cines y a los teatros, a los museos, a los bares y cafeterías... están todos desolados. ¿Qué pasará si el año que viene no se celebra la Campus party, si no vienen a Valencia esos miles de campuseros que se pasan dieciséis horas al día delante del ordenador aguantando a base de hamburguesas, patatas fritas, pizzas y otras exquisitices gastronómicas por el estilo para meterse luego unas horas en su saco de dormir en una tienda de campaña? ¿Qué será del turismo de la ciudad de Valencia y de nuestro prestigio internacional? Loewe, Hermès, Mont-Blanc, Louis Vuitton, las grandes firmas de Poeta Querol tendrán que echar el cierre si no cuentan con el subidón de ventas durante la Campus. Por no hablar de las marisquerías de Mosén Femades, que esos días se quedarán sin clientes. Los pescadores de Dénia no tendrán que salir a faenar a por su apreciada gamba roja, ¿quién se la va a comer si no estarán los campuseros? El miércoles me reía de los futbolistas llorones, aquellos que cuando se van a un equipo que les va a pagar más, mucho más, se despiden con lágrimas en los ojos, como si se les acabara de morir un familiar, ¡ah, qué pena, cuánto lo siento, con lo bien que estaba aquí, con lo que yo os quiero!, pero el caso es que se van. Pues bien, hoy me entran ganas de invadir Polonia cuando leo que los organizadores de la Campus amenazan, un verano más, con irse de Valencia porque el emplazamiento de este año, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, no les ha parecido el más apropiado y quieren volver a la Feria de Muestras. Al parecer, se les había prometido que tendrían el Ágora pero finalmente no pudo ser, por lo que no han estado a gusto. Pues nada, hombre, a su servicio, si necesitan una planta entera del Westin se les reserva, si hay que cerrar para ellos solos la playa del Saler, que se haga, y si por las noches tenemos que desviar el tráfico de la pista de Ademuz no sea que les llegue el ruido de los coches a la Feria, que se desvíe. Lo que faça falta i siga de menester. Oiga, pregunto, ¿llegará algún día en que nos acostumbraremos a dejar de pedir a la Administración, incluso aquellos que tendrían que dar ejemplo de iniciativa e innovación?




