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La edad del pavo

¿Qué pasa en esas cabecitas? Algunos expertos apuntan que esta fase se alarga hasta avanzada la veintena y cada vez crea más problemas

22.07.10 - 00:59 -
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Educar como padres significa participar activamente en el proceso de emancipación de nuestros hijos, que no vienen con un libro de instrucciones bajo el brazo. Cada uno es un ser único e irrepetible que, para ser comprendido, requiere fundamentalmente de sus padres, pero también de sus profesores, mucha paciencia, capacidad de escucha activa y dotes de observación participante. Cuando educamos a un adolescente, debemos hacerlo siempre con perspectiva, es decir, con la mirada puesta en el largo plazo. Si hemos mantenido a lo largo de esta complicada etapa una actitud de comunicación positiva y empática, combinando afecto con firmeza y realizando las necesarias concesiones que ayudan a estabilizar el dificil día-a-día de la edad del pavo, es muy probable que consigamos algo muy complicado y, a la vez, maravilloso: que perciban su propia familia como el valor seguro que es y debe ser.
Ser padre de un 'pavo', en definitiva, de un preadulto, tampoco es tarea fácil si atendemos al ámbito jurídico. En primer lugar porque hemos pasado de ser un país preconstitucional a ser un Estado Democrático de Derecho, y esto ha ocurrido en tan solo tres o cuatro décadas, y esa evolución ha repercutido y ha marcado la educación del adolescente, aunque nos cueste reconocerlo, de manera muy profunda, y en ese proceso evolutivo en el que van adquiriendo sus parcelas de autonomía se van produciendo rupturas respecto a los padres, que no siempre son fáciles de entender ni encajar. Hemos pasado de ese padre autoritario que nos educó, el padre preconstitucional, a un nuevo modelo basado en el diálogo, razonando y argumentando el porqué de cada actuación; en definitiva, con nuestros pequeños adultos que a su vez son niños grandes, hay que armarse con la virtud de la paciencia si queremos hacer de ellos unos ciudadanos futuros totalmente integrados en la sociedad y de los que nos sintamos plenos y orgullosos. Hemos pasado de un extremo a otro y debemos en este sentido tener muy claro que no somos los amigos o colegas de esos maravillosos seres que hemos engendrado, somos sus padres y educadores.
Desde la humildad y mal que nos pese, tenemos hijos «para que se vayan de casa», es decir, el cambio experimentado progresiva y evolutivamente ha de potenciar que nuestros hijos conozcan perfectamente todos sus derechos, que no son pocos, por cierto, ejerciéndolos en cada momento, porque de eso, también saben bastante. Ahora bien, no les digas nada de deberes porque te darás cuenta que son legos en la materia, o lo que es lo mismo, que no les interesa.
Llegado el momento, les aconsejamos que se atengan a lo establecido en el Código Civil , porque usted que es padre o madre debe saber que sus hijos tienen deberes, deberes que tampoco son pocos, y no nos referimos a los deberes escolares sino a los recogidos en el referido texto cuando dice: «Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre», y añade que, «han de contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella».
Algunos expertos apuntan que la edad del pavo se alarga hasta avanzada la veintena y cada vez crea más problemas. Una especie de 'long and winding road' que cada vez empieza antes y se acaba más tarde. ¿Influye en este proceso el hecho de que cada vez pasamos menos tiempo con nuestros hijos? Definitivamente, falta tiempo para hacer de padres, y eso se traduce también en una falta de normas y valores para los adolescentes, que les lleva a sufrir una gran inestabilidad, ansiedad o problemas de integración.
En el adolescente, la procesión va por dentro: su 'inside' es un hervidero de problemas, dudas y contradicciones. ¿Qué pasa en esas cabecitas cuando se muestra obstinado o lleva la contraria por sistema? Pues muy sencillo: Los adultos también hemos sido adolescentes y aunque el choque generacional con nuestros hijos pueda ser y sea más que espectacular, muchas veces es más difícil de comprender por los propios padres que por sus hijos y, por ello, esa situación muchas veces es más dolorosa para los propios adolescentes cuando sienten que les faltan valores y actitudes.
Esto conlleva dificultades para interactuar y relacionarse de manera óptima con su entorno, y en la mayoría de casos, también fracaso escolar, lo que contribuirá peligrosamente a que un porcentaje muy elevado de ellos no muestre ningún tipo de interés por tener un trabajo y quieran seguir, varios años más, en la edad del pavo. Nuestra receta es simple: Flexibilidad, inteligencia emocional y mediación familiar, cuando se produzca una crisis.
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