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De pacientes a interioristas

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De pacientes a interioristas

16.06.10 - 02:07 -
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La mudanza se acerca. Hay que prepararlo todo. Como en cualquier casa nadie mejor que quienes la van a habitar para amueblar el nuevo domicilio. En este caso, el escogido por el Hospital La Fe para recibir a miles de valencianos a partir de octubre.
Mejor sillas que bancos. Las cunas que no sean muy altas, de lo contrario el personal se tiene que agachar demasiado, ¡ah! y sin rejas, si no parecen jaulas. Los nidos que sean estables. Las camas de los enfermos suben y bajan muy bien. Pero los sillones son algo cortos, los pies no llegan al suelo... Los comentarios no cesaban entre los representantes de las asociaciones de pacientes que, convertidos en interioristas, ayer se acercaron a La Fe de Malilla para probar y valorar los muebles del centro sanitario.
En una de las salas de espera estaban dispuestos varios modelos de asiento. Todos de madera color miel. Unos en banco corrido, otros de una plaza, aunque todas sujetas. Cada pieza mostraba un número de identificación. Los representantes de las asociaciones se sentaron y anotaron en la hoja de valoración que se les había entregado la puntuación que concedían al mueble.
«El número 2 parece más cómodo, recoge mejor la espalda», era la opinión de Carlos después de haberse sentado en el modelo 1 y comprobar que el respaldo quedaba «demasiado recto». Amparo mostró su preferencia por la silla: «Es comodísima. Se descansa mejor». A Emilia y a Silvia no les convenció el último banco expuesto porque «es muy bajo». De hecho a alguien le pareció que era «para los niños». A juzgar por lo que decían, triunfó la tira de sillas que mostraba el número 3. Ya se verá.
En la primera ronda de pruebas participaron representantes de los trasplantados de pulmón, de niños prematuros, de enfermos de osteoporosis, la Asociación Lucha Contra el Cáncer, Asociación de Padres de Niños con Cáncer (Aspanion), enfermos renales y trasplantados hepáticos, entre otras. Todos se implicaron al máximo. No dejaban de hablar. Emitían sus responsables opiniones en voz alta y compartían criterios con sus compañeros.
Desde la sala de espera pasaron a las habitaciones. En cada cuarto probaron la cama, el sillón para el enfermo y el sofá de acompañantes. Emilia se tumbó en una cama con elementos de color azul que mostraba el número 1. Primero boca arriba, después de lado. Se cercioró de que el ancho y el largo eran los adecuados. Confirmó que podía descender sin dificultad y el fácil manejo del mecanismo de elevación. No olvidó comprobar las prestaciones de la almohada: «Es un poco finita».
Mientras, Antonio aplaudía la invitación a los pacientes para escoger el mobiliario. «Es importante que hayan contado con los enfermos, que son quienes lo van a usar».
Amparo se sentó en uno de los sillones para enfermos. Le pareció bonito y cómodo, pero encontró un inconveniente: «Es un poco corto y cuando se estira, los pies quedan fuera». En otra de las habitaciones, al probar la cama descubrieron que la tabla de indicaciones para el ascenso y descenso «es difícil de interpretar».
Y entonces a otro cuarto. Allí Emilia encontró una cama «mejor» que la que había testado. Le pareció más robusta, de mayor consistencia. Se agolpaban los juicios. Todos entraban y salían en las habitaciones. En ese ir y venir encontraron una pequeña pega en los sofás para acompañantes: «Como se hacen cama, tienen el asiento muy profundo y para sentarse resultan algo más incómodos».
El paso siguiente fueron las cunas. «Esa es demasiado baja y para el trabajo de los profesionales no es adecuada. Se tienen que agachar demasiado». Junto a esta había una más alta. Tampoco convenció porque las barandillas enrejadas la convertían en lo que les pareció «una jaula».
Ante las cunas prestaron mucha atención. A una de las improvisadas interioristas le convenció por la altura una que mostraba el cabecero y los pies de un atractivo color anaranjado, pero los embellecedores podían complicar la limpieza. Tuvieron en cuenta todos los detalles, también el grado de dificultad para subir y bajar las barandillas de seguridad. La balanza parecía inclinarse por la 4. «Tiene que se confotrable para el bebé, pero también para trabajar». Tras los comentarios, la anotación en la hoja de valoraciones y adelante con el examen.
Las camas nido para bebés fueron las últimas piezas analizadas. Preocupaba la estabilidad. Los comentarios descubrían que las preferencias se inclinaban por una de ancha base. A juzgar por su aspecto, parecía «más estable». No dejaron de constatar que uno de los modelos encerraba la ventaja de disponer de un armario para guardar algunos de los utensilios que requiere el cuidado del bebé.
En ese punto acabó el examen. Cada asociación anotó su puntuación. El juicio que emitan todas ellas se tendrá en cuenta a la hora de decidir el mobiliario. Pero no será el único criterio a tener en cuenta. Los pacientes midieron ayer el grado de confortabilidad para los usuarios.
Los técnicos y el personal sanitario emitirán un juicio profesional que considerará funcionalidad, condiciones de limpieza y comodidad para trabajar. La suma de todas las opiniones, más la valoración económica, dará con la respuesta que resolverá el concurso público que a finales de este mes permitirá, de forma definitiva, conocer los muebles de La Fe.
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