Los funcionarios gastan mala fama entre los españoles. La palabra te traslada inmediatamente, sin que uno pueda resistirse, a la imagen del hombre gris, plomizo, que te atiende en una ventanilla y que zanja tu gestión con el célebre 'vuelva usted mañana'.
No todos los funcionarios son burócratas, como se apresura a recordar José Ramón Carpi, de la Unión Sindical Obrera. «Es un trabajador como cualquier otro, con la salvedad de que el funcionario sufre mucho estrés por la imagen que la gente tiene de ellos».
Mauro Varea intenta revalorizar la figura del empleado público. «El funcionariado está acostumbrado a recibir los palos. Es curioso que la gente no comparte que se le baje el sueldo a un médico o a un profesor, pero, en cambio, le parece bien que le afecte a uno que trabaja en la burocracia. La gente no se da cuenta de que los trabajadores de servicios generales son tan importantes como los demás, como el médico o el profesor. Pero resulta que son los peor vistos».
Aunque Carpi teme que si el funcionario se siente tratado injustamente puede repercutir en la sociedad. «El ambiente está muy enrarecido y puede pasarle factura al ciudadano, porque si el funcionario siente que no merece cobrar menos puede decidir trabajar menos también, aumentando así las incomodidades para la gente de a pie».








