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Fresas del bosque bajo palio de plástico

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Fresas del bosque bajo palio de plástico

29.05.10 - 00:22 -
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Las fresas que tomamos tantas veces con el equivocado convencimiento de darlas por tales, son en realidad fresones. Nada que ver con las fresas auténticas, ni por tamaño, ni por aroma y sabor, ni tampoco por el precio. Los fresones son relativamente baratos y grandes, cada vez más, y en ocasiones nos parecen ahuecados y algo faltos de gusto. Vienen de Huelva en su gran mayoría, donde radica principalmente su producción, después de haber realizado el cultivo un llamativo viaje de norte a sur que todavía no ha cesado, porque en los últimos años busca la mano de obra barata del Magreb.
Las fresas, que a menudo se nos presentan como 'fresitas' o 'fresas del bosque', son fresas a secas; aromáticas, sabrosísimas y muy escasas. Una exquisitez para paladares sibaritas y bolsillos bien dispuestos, porque un kilo puede costar 15 o 20 euros, diez más que el fresón.
En Canals, un veterano agricultor, José Martínez, es de los pocos que siguen produciendo estas selectas y diminutas fresas. Son la versión actual y posible de las 'fresas del bosque', bajo el palio protector del plástico de sus invernaderos.
En realidad, cuando nos hablan de frutas del bosque tenemos que entenderlo más como una referencia a un determinado tipo de frutos (fresas, grosellas, frambuesas, arándanos, moras...) que a su pretendido origen silvestre. Hoy es prácticamente imposible basar el suministro regular de estos artículos en una actividad recolectora y esporádica. La verdad es que se cultivan, y así se asegura el abastecimiento para consumo en fresco y para la industria procesadora (congelados, mermeladas, yogures...)
José, que tiene 74 años, sigue en ello por sus hijos. Primero apoyando a José, que falleció hace tres años y fue con quien se extendió en producciones de primor; después con su nuera, deseoso de facilitarle una salida tras enviudar, y ahora ayudando a su otro hijo, Sergio, que se comprometió con el padre a seguir haciendo lo que pudieran.
El boom de La Costera
La familia de José Martínez fue una de tantas que protagonizaron el boom del fresón en la comarca de La Costera. Canals, Montesa y otras localidades de alrededor se convirtieron con rapidez al nuevo cultivo que llegaba de tierras catalanas del Maresme. Era a finales de los años setenta y el esplendor fulgurante duró unos siete u ocho años, hasta que a principios de los ochenta empezó con fuerza Huelva, en gran medida bajo el impulso de agricultores valencianos que se trasladaron en busca de fincas más grandes y costes menores.
José Martínez reconoce que «fue bonito mientras duró; porque trabajábamos mucho, pero nos veíamos remunerados; quienes se arriesgaron e invirtieron pudieron ganar dinero aquellos años; y cuando estábamos en la cresta, se desmoronó todo casi de repente».
Con gastos más bajos, el fresón de Huelva podía venderse más barato y arrasó. De la noche a la mañana, los productores valencianos se encontraron con que «pagábamos por recolectar más que lo que nos pagaban por la fruta». Tan sólo podían resistir quienes contaban con mano de obra de casa, a base de hacer más y más horas. Lo de siempre. Y el sector del fresón fue decayendo rápidamente en Valencia, hasta ser hoy muy testimonial.
José y su hijo decidieron entonces adentrarse en el mundo de la fresa, que exige mayores mimos, estar más encima, pero también puede gozarse de exclusividad. Dieron el paso cuando aprendieron las técnicas apropiadas de «unos productores que vinieron de Tavernes de la Valldigna». Y a la vez se extendieron en otros productos hortícolas de primor en su finca modernizada, toda con riego a goteo y en su mayoría con invernaderos.
Profesionales por la calidad
Hoy sigue en cultivo una parte de la propiedad, no toda, y junto a las fresas hay también patatas tempranas, igualmente bajo plástico, porque este sabio agricultor confiesa que «desde que comprobé lo que era esto no hago nada al aire libre; con la cubierta adelantas semanas y te libras de vientos y lluvias que arrastren cosas raras que queman las plantas». Además le contratan sus servicios en ocasiones empresas que trabajan para compañías de fitosanitarios, a fin de que pruebe nuevos productos en cultivos que ellos controlan para determinar sus especificaciones definitivas.
En una esquina de la parcela de fresas, José tiene listas seis cajas con bandejitas que se llevará una frutera de Alcoy que está a punto de llegar. Sus clientes acuden al mismo campo a comprarle y las cobra a 10 euros el kilo. Pueden parecer caras, pero es que un kilo cuesta casi una hora de recoger, y si se tarda más tiempo deja de ser rentable. Las plantas las compra a la firma navarra Planasa y duran dos años. Antes duraban más, cuando se podía desinfectar el terreno con bromuro de metilo, que ahora está prohibido aquí, pero no en otros países. Se plantan en agosto y en octubre ya se empieza a coger algo. En marzo alcanzan la plena producción y el ciclo anual dura hasta junio.
Al fondo del camino aparece la furgoneta de la frutera que espera José. Es Carmen Esteve, que tiene en mercado de Sant Roc de Alcoy un puesto que abrió su padre, Benjamín Esteve. Allí vende sólo frutas y hortalizas selectas, y las va a buscar directamente a los mejores productores, como hace ahora con las fresas. No le importa hacer kilómetros si así cubre satisfactoriamente su nicho de mercado y sirve a una clientela fiel y distinguida que sabe lo que busca y dónde comprarlo. Carmen iba luego a Mercalicante. En horas da la vuelta a media región, en busca de la mejor calidad. Esto es profesionalidad.
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