La izquierda abertzale espera para antes de agosto un gesto decisivo por parte de ETA que avale su apuesta por las vías políticas. Destacados portavoces radicales han transmitido a algunos dirigentes políticos vascos la posibilidad de que la banda emita un comunicado -no se descarta que en las próximas semanas- en el que, sin anunciar su disolución definitiva, responda de forma positiva a los llamamientos expresados por sus bases y por los expertos internacionales que a finales de marzo le pidieron en Bruselas un «alto el fuego permanente y verificable».
Los rumores sobre una tregua se han acrecentado durante los últimos días. El pasado miércoles, el impulsor del documento hecho público en la capital belga, Brian Currin, volvió a insistir en esta posibilidad durante una conferencia organizada por Lokarri en Barcelona. El traslado del ex dirigente de Batasuna Arnaldo Otegi a la cárcel de Logroño o la salida de prisión de Rafa Díez Usabiaga, ex secretario general de LAB, para cuidar de su madre habrían avivado el 'run run'.
Según ha podido saber este periódico, líderes de la izquierda aber-tzale han asegurado a varios representantes políticos que tienen la certeza de que ETA ha llegado a la conclusión de que la situación es insostenible. La eficacia policial, unida al cansancio de los militantes y al hartazgo de las propias bases y de un buen número de presos, habrían arrinconado a los sectores partidarios de seguir con la violencia. Según esta tesis, en estos momentos el debate ya no sería si continuar o no con la violencia, sino «cómo cerrar la tienda».
Los portavoces radicales habrían trasladado que el mes elegido para el anuncio sería mayo. Sin embargo, se da por hecho que puede retrasarse hasta verano. «La última tregua estaba prevista para el 1 de enero y al final fue a mediados de marzo; ellos llevan sus tiempos», afirma un experto. En este sentido, las detenciones de miembros de la cúpula de ETA practicadas el pasado jueves en Bayona podrían modificar el calendario y retrasar la decisión final, «pero no el sentido de la misma». «Incluso pueden ayudar a ratificarla todavía más», se asegura.
En cualquier caso, nadie espera un comunicado en el que la banda haga público de manera definitiva su abandono de las armas. Más bien utilizaría una fórmula en la que, apelando a las peticiones de la izquierda abertzale y de los mediadores internacionales, declararía una tregua indefinida o permanente, una terminología que ya ha empleado en ocasiones anteriores sin que, al final, haya traído la paz a Euskadi.
¿Por qué ahora sería distinto? «Porque existe una diferencia notable: ahora no hay un proceso negociador impulsado por las cúpulas; es un autoconvencimiento, son las propias bases las que les están diciendo de manera pública que lo deje; y, sin el apoyo de sus bases, ETA pierde su razón de ser». Por tanto, «no habría vuelta atrás». «Tras la ruptura de Lizarra hubo la escisión de Aralar; tras el último alto el fuego su mundo ha implosionado; si ahora declara una tregua y vuelve a las armas, perdería cualquier tipo de apoyo», se recalca.
Alguno de los interlocutores que ha hablado en las últimas semanas con los portavoces de la izquierda abertzale les ha trasladado que, en cualquier caso, es muy complicado que puedan concurrir a las elecciones municipales del año que viene. Si los radicales no se quieren desmarcar de ETA y ésta no anuncia su disolución, la única forma de verificar su voluntad de dejar las armas es el paso del tiempo. «Y un año no es suficiente». Según algunos especialistas, la sensación de que «todo está a punto de acabar» vendría ratificada por el parón de deserciones que ha habido en el colectivo de presos. «Están a la espera, no quieren irse como traidores».
Pero no todos lo tienen tan claro. Las fuerzas de seguridad insisten en que no hay ningún signo que indique que la banda está preparándose para dejar la actividad. Todo lo contrario, se estaría reorganizando. El propio ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, subrayó de manera gráfica sobre la detención de la cúpula de ETA en Bayona: «no se habían reunido para rezar el rosario».
Incluso los más optimistas no descartan un atentado propagandístico antes de emitir el comunicado -efectista, pero sin muertos- y admiten que los juegos de poder que se suelen dar en la banda no permiten asegurar «nada al 100%».
Escepticismo general
Sin embargo, esta misma corriente considera evidente que, desde el pasado otoño, la izquierda abertzale ha realizado movimientos significativos, en teoría, para desmarcarse de ETA. Unos pasos que han sido recibidos con escaso entusiasmo por parte de los partidos más importantes; en especial, por el PNV, el PSE y el PP. Los jeltzales han insistido en que el único anuncio que esperan de ETA es el de su disolución. El consejero de Interior, Rodolfo Ares, ha restado trascendencia a los acontecimientos de los últimos meses hablando de «tímidos pasos», mientras que los populares han insistido en su línea de no dejar ningún resquicio a los terroristas ni a su entorno. El único que públicamente ha mantenido ciertas dosis de optimismo ha sido el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, quien se ha mostrado convencido de que la paz llegará a Euskadi antes de que José Luis Rodríguez Zapatero acabe su actual mandato, en marzo de 2012.
En este contexto, el más contundente ha sido el eurodiputado del PP Jaime Mayor Oreja, para el que todos los gestos de la izquierda abertzale son parte de una negociación oculta que mantiene el Gobierno con ETA. Estos rumores incluso han colocado en una posición complicada el pacto entre el PSE y el PP en Euskadi. Sin embargo, tanto los socialistas vascos como el Ejecutivo insisten en que no hay ningún diálogo con la banda ni con sus aledaños. «Decir eso es una barbaridad. ¡Pero si las detenciones son continuas y les tenemos acorralados policialmente!...», se defienden desde el PSOE.
El primero de esos pasos de la izquierda abertzale fue la 'Declaración de Alsasua', en la que se fijaba una hoja de ruta para abrir otro «proceso de negociación» con el Gobierno en un contexto de «ausencia de violencia».
Casi de forma simultánea se producía un debate interno entre las bases de la izquierda abertzale para definir su papel en el futuro. A pesar de las reticencias de los sectores más ortodoxos, la mayoría de los simpatizantes radicales apostó por una línea más pragmática al constatar que la persistencia de la violencia les conducía a un callejón sin salida y a la muerte política. Históricos como Tasio Erkizia o Floren Aoiz llegaron a decir que el camino emprendido en la ciudad navarra era «irreversible». Mientras tanto, el ministro Rubalcaba insistía: «o bombas o votos». Sin embargo, ETA echó el primer jarro de agua fría el pasado enero cuando emitió un comunicado en el que defendía la vigencia de la lucha armada.
A pesar de ello, las asambleas locales ratificaron a mediados de febrero la resolución 'Zutik Euskal Herria', en la que se avalaba la 'Declaración de Alsasua' y se apostaba por los llamados 'principios Mitchell', empleados durante el proceso de paz de Irlanda del Norte. Un mes después, a finales de marzo, Currin presentaba el texto de Bruselas, respaldado por el ex presidente sudafricano Frederick de Klerk, el arzobispo Desmond Tutu, la fundación Nelson Mandela y varios políticos irlandeses. Pedía un alto el fuego a ETA y una disposición favorable al diálogo por parte del Gobierno central.
Una vez más, la respuesta de la banda fue en sentido contrario. En un comunicado remitido con motivo del último Aberri Eguna, la cúpula terrorista proclamaba que «desactivar la respuesta armada no soluciona el conflicto» y dejaba para «futuras reflexiones» su respuesta a los mediadores internacionales.
Malos antecedentes
Fuentes conocedoras de la situación consideraban evidente que las tesis más posibilistas se habían impuesto en la antigua Batasuna, pero que ETA no mostraba ninguna intención de abandonar la violencia. La pregunta era si la izquierda abertzale mantendría el pulso, convencería a la cúpula de la banda o acabaría desmarcándose en caso de que algún comando cometiese un atentado mortal. En realidad, ya lo había habido: el asesinato de un policía francés el 16 de marzo. Entonces, los radicales evitaron la fractura con el argumento de que la muerte del agente se había producido durante un enfrentamiento fortuito con los etarras. Es decir, que no era una acción premeditada. Para los más pesimistas, tanto la respuesta de la organización como la de la izquierda abertzale constataban que la apuesta por las vías políticas no tenía recorrido. Las experiencias pasadas abonaban el escepticismo.
Sin embargo, el pasado 24 de abril, alrededor de 175 personas vinculadas a la izquierda abertzale -entre ellas, Rufi Etxeberria, Jone Goirizelaia y Ainhoa Etxaide, secretaria general de LAB- presentaban en Pamplona un texto denominado 'Tras las conclusiones, el camino y los pasos'. El documento incluía dos novedades significativas. Por un lado, sostenía que los atentados llevan al «colapso» y, de manera implícita, pedía a la organización un alto el fuego. Además, insistía en el carácter unilateral del documento, es decir, que no estaba bajo la tutela de ETA. «Han hecho parte de los deberes que tenían pendientes», afirmó entonces un político vasco. La pregunta es si ETA hará los suyos.









