La Universitat de València consumó ayer un error que puede calificarse, sin temor a exagerar, de histórico, al dar cobijo en el Salón de Grados de la Facultad de Geografía a la conferencia de un ex terrorista de Terra Lliure, condenado a 78 años de cárcel por el asesinato de tres personas, en un acto convocado por el Sindicat de Estudiants dels Països Catalans. Tanto el rector como el decano del centro podían haber suspendido la convocatoria, pero prefirieron escudarse en el derecho a la libertad de expresión, situando a la institución universitaria de espaldas a los más débiles, las víctimas, aquellos que sufren en primera persona el azote del terrorismo. Carles Sastre asesinó al industrial catalán José María Bultó y al ex alcalde de Barcelona Joaquín Viola y a su esposa. A pesar de haber sido condenado a un total de 78 años de cárcel, apenas pasó 11 en prisión, beneficiándose tanto de la Ley de Amnistía como de los beneficios que la legislación penitenciaria concede a los reclusos. Unas leyes contra las que él luchó a traición, con bombas y pistolas, cobardemente. El testimonio de los familiares de las víctimas que hoy recoge LAS PROVINCIAS, como el del hijo de Bultó, contrasta de forma trágica e hiriente con la conferencia de Sastre, en la que no hubo ni un resquicio de arrepentimiento y mucho menos de pedir perdón por el daño causado. La Universitat de València tuvo tiempo de evitar esta afrenta innecesaria a la memoria de los fallecidos y a sus familias, pero optó por la excusa de la libertad de expresión para parapetarse detrás de una trinchera de supuesta superioridad moral, a pesar de que con su actitud consentía el agravio a la memoria de tres personas que murieron a manos de Sastre. Ocho asociaciones de familiares de víctimas del terrorismo ya han anunciado que denunciarán a la Universitat. En un día muy triste para la institución académica, una de sus dependencias sirvió de altavoz de aquellos que defienden que las ideas se pueden imponer por la fuerza.




