Las travesuras de Vicente Barrera de niño consistían en «lanzar en Fallas masclets al agua que pasaba por el antiguo cauce del río para ver cómo explotaban. Lo pasábamos en grande». Las tardes de gloria infantil del torero discurrían muy cerca del lecho del Turia, sendero que protagonizaría una de las grandes transformaciones de la Valencia del siglo XX.
«Yo he vivido toda la evolución del río, desde cuando era un lugar inmundo por donde discurría un riachuelo lleno de cañas y vegetación no muy recomendable para pasar por motivos de higiene y de seguridad, hasta cuando empezó su transformación, llegaron los primeros árboles y empezaron a crecer por aquí y por allí».
Esta arteria natural de la ciudad dejó de ser un lugar «absolutamente perdido en Valencia a ser una de las zonas más concurridas a nivel deportivo y de ocio».
Cinco puentes históricos permitían cruzar desde el siglo XIV al XVIII esta lengua de agua (el de San José, Serranos, de la Trinidad, del Real y del Mar) que en 1957 inundó Valencia y obligó a cambiar su fisonomía urbanística para siempre. Comenzaron a cobrar forma ideas y se habló de una autopista, estaciones de tren y hasta zonas industriales que movilizaciones populares y colectivos consiguieron transformar en un gran proyecto verde que comenzó a echar raíces en 1982.
«Los primeros árboles eran plantones, todavía no había casi infraestructuras y los campos de fútbol eran de tierra. El resultado de hoy en día es una verdadera maravilla. Fue un gran acierto desviar el cauce y hacer todo lo que se ha hecho aquí», afirma el torero.
Este incasable fan de las Fallas, que confiesa no perderse ni un sólo capítulo de L'Alquería blanca, añora los juegos de niños en la calle. «Entonces podías bajar tranquilamente con los amigos en la época en la que sólo había dos cadenas de televisión y el mando a distancia eras tú, cuando tu padre te decía que cambiaras el canal», rememora entre risas.
A una calle de distancia de aquel río «bastante insano y sucio» Vicente Barrera jugaba al fútbol, otra de sus delicias infantiles. Ahora practica deporte muchas tardes en el cauce por donde discurre buena parte de la vida de Valencia.
Para Barrera la capital del Turia «es la ciudad que mayor transformación ha experimentado en los últimos años en España» y uno de los escaparates históricos «más bonitos. Tiene mucha arquitectura del siglo XIX, que es preciosa, y hay barrios con mucho encanto como el del Carmen cuya transformación ha sido estupenda».
Una de las asignaturas pendientes es «que se cubra y pronto la plaza de Toros de Valencia que creo es algo imprescindible y necesario en los tiempos que corren». «Seas torero o no, yo creo que es uno de los monumentos más bellos de Valencia y disfrutamos de una de las plazas más bonitas del mundo, lo que ocurre es que los valencianos pasamos tanto por allí que no nos fijamos», asegura.
Y como el maestro tira para la tierra, cuenta que Valencia se merece salir por la puerta grande en todas sus tardes porque su luz, su identidad y sus gentes desbordan por todos sus lados «arte, alegría, Mediterráneo y oro».












