La lluvia respetó a La Peregrina. Si poco antes de las ocho de la mañana el día se presentaba feo y gris, cerca de las diez, cuando la comitiva oficial apuraba los últimos metros de la romería se abrió el sol entre las nubes. De este modo, la peregrinación a la Santa Faz que se inició hace cinco siglos como un agradecimiento por el fin de la sequía ayer tuvo la participación más nutrida de la historia porque finalmente no llegó a llover.
El puñado de alicantinos que iniciaron en el siglo XVI la costumbre se han ampliado a una cifra cercana a los trescientos mil romeros. Como espejo de Alicante, la Peregrina fue ayer un espejo multicolor donde no sólo las peñas de amigos, foguerers y barraquers, herculanos y aficionados del Alicante (los populares moros) y familias enteras sino multitud de alicantinos no nacidos en la terreta se apuntaron a la caminata de siete kilómetros que separa bien el zagúan del Ayuntamiento o la puerta negra de San Nicolás.
Como en los últimos años, el volumen de alicantinos inmigrantes creció un año más de manera notable. Desde la colonia de ecuatorianos a numerosos madrileños y asturianos que quisieron participar, como alicantinos que son, en la romería al caserío alicantino.
En la jornada de ayer se pudo ver, un año más, que la Peregrina en sí no es una sola. Está, es verdad, la romería oficial, que presidió como todos los años el obispo Rafael Palmero, seguida de la comitiva del Ayuntamiento, con la alcaldesa, Sonia Castedo, concejales, diputados y consellers, por otro lado los representantes de otros partidos, como el PSOE, salen del Ayuntamiento o los decenas de alicantinos que parte desde Carolinas, el Pla o la Playa de San Juan. Los hay que salen desde San Vicente y recorren la carretera metropolitana que la universidad llega hasta la Santa Faz.
Todas las rutas, finalmente concluyen en el caserío y el enorme gentío inunda la plaza, las calles aledañas y los campos de alrededor, primero para participar en la ceremonia y a partir del mediodía para celebrar el tradicional almorsaret alicantí que muchos prolongan hasta la merienda.
Pero además de todos estos grupos son muchos, cada año más, lo que realizan el recorrido de madrugada y cuando llega la gran marea humana a la avenida de Dénia son muchos los que ya vuelven. Al contrario, también. Es verdad que el volumen de peregrinos corresponde a la romería oficial (en la mañana de ayer, la cola se alargaba a lo largo del todo el recorrido. Mientras la comitiva oficial entraba en la plaza del monasterio, los siete kilómetros que separan el casco antiguo de Alicante del monasterio estaba conectado con el caserío por un río humano.
La marcha de peregrinos fue constante hasta bien pasadas las cinco de la tarde, que fue cuando decayó. Si en las primeras horas inundaban la carretera nacional 332 los romeros que hacían el recorrido en cumplimiento de una promesa, desde el mediodía centenares de pandillas y peñas de amigos abarrotaban el carril izquierdo de la carretera ataviados con sus mochilas, neveras portátiles, radiocasettes y los ahora ya tradicional carritos de supermercado. El debate del agua que estos días enfrenta a los partidos tuvo su reflejo en la presencia de altos cargos. No estaba Camps pero sí Zaplana, que volvió a la Peregrina, como estaba Alarte, por segundo año consecutivo.







