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«Ser pianista profesional puede convertirse en un infierno»

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«Ser pianista profesional puede convertirse en un infierno»

13.04.10 - 00:56 -
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Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) comenzó sus estudios musicales a una edad relativamente tardía y porque cree que hay una gran diferencia entre hacer música y ser un profesional de la misma. A él le gusta lo primero, pero no le satisfacen muchos aspectos de la carrera profesional. Tanto es así que estuvo a punto de dejarlo nada más iniciar su primera gira importante. Opuesto a dar un número excesivo de conciertos, necesitado de alejarse del teclado durante unas cuantas semanas al año para vivir y oxigenarse, Volodos reinvidica también algo que ahora escasea: el silencio. De todo ello habla en esta entrevista el pianista ruso afincado en España, que da hoy un recital en el Palau de la Música de Valencia.
- Trae a Valencia un programa con obras de Albéniz, Liszt y Schumann. Un viaje del romanticismo al nacionalismo. ¿Es su terreno favorito?
- No tengo terrenos favoritos. Elegir un programa es en parte una decepción porque supone descartar. Elegir es adoptar un punto de vista que es algo mucho más pequeño que un horizonte. Al nacer tenemos un horizonte. Luego, con la edad, se va reduciendo y al final es solo un punto. Yo prefiero un horizonte a un punto. Por eso no me gustan algunas cosas de la carrera profesional de un pianista.
- ¿Como cuáles?
- Tocar el piano es lo más maravilloso, pero ser pianista profesional puede convertirse en un infierno. A veces tienes que tocar cosas que no te apetecen porque los promotores anuncian los programas con meses de antelación. En ocasiones, se dan tantos conciertos que corres el riesgo de que se te vacíe el alma. No es un problema de aguante físico, sino de no superar los límites espirituales. Si das 150 conciertos al año no te recuperas anímicamente. Liszt hacía giras, pero el viaje de una ciudad a otra le llevaba dos semanas. Hoy, con los aviones, parece que en vez de hacer una gira estás en un viaje de negocios.
- ¿Da usted muy pocos conciertos al año?
- Cada persona debe hallar su estilo. En mis comienzos me organizaron una gira de 30 ó 40 conciertos por EE UU. Viajaba en avión, llegaba a la ciudad -cada una de ellas, idéntica a la anterior-, me iba al hotel, luego ensayaba, daba el concierto, regresaba al hotel y al día siguiente de viaje. Pensé incluso en dejarlo porque no podía con eso. No lo dejé, pero me propuse no volver a tocar en EE UU y lo he cumplido. Ahora doy conciertos, pero regreso a mi casa y tras una gira me paso un mes o dos sin acercarme al piano.
-¿Tanto tiempo?
- Sí, y cuando vuelvo a tocar me parece que cada pieza es nueva, vuelvo a descubrirla. El peligro de repetir muchas veces un programa es que pierdes la frescura y eso es lo peor que te puede suceder. Por eso estoy temporadas sin tocar, aunque a veces no puedo evitar que la música suene en mi cabeza.
- En su cabeza y en la calle. Vivimos rodeados de música, queramos o no. ¿Eso es bueno?
- Hay ruido. No humillemos a la música diciendo que ese ruido lo es. No, no es bueno. La gente necesita silencio. Los músicos necesitamos silencio. La tragedia de hoy es no poder disfrutar del silencio y la soledad. Vivimos tan acelerados que tenemos otra percepción del tiempo y no lo tenemos para leer, reflexionar, disfrutar. Hace falta disfrutar, porque si no cómo vamos a evolucionar. Si doy 150 conciertos al año, cuando me retire lo único que recordaré serán viajes en avión, salas de embarque y largas sesiones de estudio...
- Ha comentado alguna vez que descubrió la música española cuando se instaló aquí, porque en su país no se escuchaba. ¿Qué juicio le merece ahora?
- Es difícil describir la música con palabras porque genera sentimientos... Pero es cierto que la descubrí aquí, porque fuera es aún muy poco conocida.
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Arcadi Volodos, en una imagen de archivo tomada en la sede de la OSE en San Sebastián. :: JOSÉ USOZ

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