José M.ª Díaz acaba de aterrizar en la Universidad CEU Cardenal Herrera. En mes y medio le ha dado el tiempo justo para otear el engranaje de la institución. Ahora le aguardan la puesta en marcha de los nuevos grados adaptados a Bolonia y otras cuestiones más espinosas, como las nuevas enseñanzas de Magisterio y Medicina. Licenciatura esta última cuya solicitud ha levantado encendidas críticas entre las universidades públicas y algunos sectores políticos.
-Está recién llegado, pero ¿cuál es su hoja de ruta?
-Lo primero es mi compromiso y fidelidad a la identidad del CEU, que es la de formar jóvenes universitarios capacitados profesionalmente desde una perspectiva del humanismo cristiano.
-¿Y su gestión?
-Buscando siempre la mejora continua. Quiero generar una verdadera comunidad universitaria, donde todos tengan un objetivo común: construir universidad.
-Comparten raíz con la Universidad Católica, ¿no es lógica una fusión?
-Ambas somos católicas y ambas servimos a la Iglesia. Pero no somos iguales ni tenemos los mismos objetivos, aunque mantenemos una colaboración y fraternidad, como no puede ser de otra manera. Yo no sé lo que va a ser en el futuro, se lo digo de verdad. Porque el futuro está en manos de Dios. Pero de momento cada uno tenemos nuestro propio camino.
-O sea, no lo descarta.
-Nunca puedo descartar nada. También le digo que en estos momentos no se sigue ningún proceso de convergencia, ni mucho menos.
-Se estrena como rector con el plan Bolonia como compañero...
-Este curso hemos puesto en marcha titulaciones tradicionales ya adaptadas a al Espacio Europeo de Educación Superior. Nos queda prácticamente la otra mitad. Además de ello, hemos solicitado la de Medicina en Castellón y la de Magisterio.
-La solicitud de otra Facultad de Medicina ha levantado ampollas.
-Para empezar, el CEU lleva muchos años impartiendo docencia en el ámbito de la salud, por lo que terminar impartiendo Medicina era lo más lógico. Es verdad que ha habido reticencias, pero desde los colectivos médicos y desde las administraciones públicas se ha dicho que es conveniente. En la Comunitat faltan médicos y es necesario proveer de licenciados en Medicina a nuestra sociedad.
-Cómo se toma las críticas.
-No voy a entrar en las valoraciones que se pueda hacer desde las universidades públicas. A veces soy un poco drástico con mis opiniones pero nuestros estudiantes no les cuestan un duro a la administración ni a la comunidad. Uno cuando va al médico no pregunta si ha estudiado en un universidad privada o en una pública. El servicio es el mismo. Yo no veo ningún tipo de problema, todo lo contrario, a que las universidades privadas estén poniendo licenciados en Medicina en la calle.
-Si existe esa necesidad de médicos ¿por qué algunos sectores políticos están en contra de que sus estudiantes hagan prácticas en hospitales públicos?
-Obviamente queremos tener prácticas en los mejores sitios. No entro a valorar lo que pueden decir desde determinadas instancias políticas pero defendemos las mejores prácticas, sea en los hospitales públicos o en los privados, porque queremos buenos alumnos que sean competentes en su trabajo.
-En las relaciones con el Arzobispado, el año pasado hubo cierta tensión por la subida del alquiler de este edificio. ¿Cuánto se paga ahora?
-No lo sé lo que se paga porque cuando he llegado ese tema estaba zanjado. Al anterior arzobispo (se refiere a Agustín García-Gasco) no le conozco, pero con monseñor Osoro la relación es muy cordial.
-Ustedes se nutren de fondos privados, la crisis les habrá afectado.
-No digo que la crisis no afecte, pero los números en nuestra universidad al menos lo están desmintiendo. En los tres últimos años estamos repitiendo la cifra de ingreso por curso de 1.200-1.300 alumnos. Y en eso soy categórico, de momento, y lo puedo decir con mucha alegría, estamos salvados de dificultades de carácter financiero.









