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«Virgencita, dame salud para los míos»

Valencia

«Virgencita, dame salud para los míos»

18.03.10 - 01:57 -
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«No puedo explicar lo que siento, lloras y lloras sin parar cuando entras a la plaza y ves la imagen de la Virgen. Hay que estar aquí para entenderlo», comentaba María José, fallera de la comisión fallera plaza Honduras segundos después de haber desfilado por la plaza de la Virgen y haber entregadoa los vestidores un ramo de claveles.
El momento más emotivo de las Fallas llegó ayer con la Ofrenda. Miles de falleros desfilaron orgullosos por la calle de la Paz y la calle San Vicente hasta alcanzar la plaza de la Virgen y rendir homenaje a su Patrona.
Bebés, niños, jóvenes, adultos y mayores, en carritos, en sillas de ruedas o con muletas. Todos querían estar presentes en el acto por excelencia de los valencianos, el que los identifica y los une.
En la Ofrenda no hay clases sociales, ni recorridos vips, ni pases especiales. Todos desfilan siguiendo el orden impuesto por la Junta Central Fallera y aguantando el tiempo necesario hasta la llegada de su turno. Un acto popular que cada año se supera. En las pasadas Fallas, 105.443 falleros desfilaron por delante de la Basílica de la Virgen. En esta edición está por ver si las cifras de asistencia se superan.
Ayer el sentimiento era el mismo para todos y los pañuelos pasaban de mano en mano con los que intentaban frenar el torrente de lágrimas que no había forma de parar. «En cuanto he llegado a la plaza me he acordado de mi padre que este año ya no está y no he podido aguantarme. Son tantos los recuerdos que te llegan que llegas a sentirte desbordada», afirmó Encarna, miembro de la comisión Yecla Gracía Morato.
La crisis económica, la pérdida de trabajo, llegar a fin de mes.. son muchas las preocupaciones de los valencianos, pero ayer todos tenían el mismo deseo. «Le he pedido salud para mi niño y para los míos que es lo más importante», afirmaba María Luisa, miembro de la comisión, Rubén Darío-Fray Colomer.
Lágrimas, sollozos y algunas con ruido y todo, nadie podía evitarlo porque quien pasa por la plaza asegura que el lugar irradia una energía que transmite un sentimiento de emoción. «A mí me cuesta mucho llorar y es pasar este día por la plaza y me entra un nudo en la garganta que no hay forma de que se me pase. Es algo grande», insistía Juan, otro de tantos falleros calmándose tras estar llorando sin parar durante cinco minutos.
La Ofrenda, como marca la Junta Central Fallera, comenzó a las cuatro de la tarde y las primeras comisiones en desfilar estaban preparadas en la plaza San Agustín y en apenas unos minutos iniciaban la marcha. «Este año ha ido todo muy bien y no hemos tenido que esperar mucho para desfilar», comentaba Rosa de la comisión de la Amistad.
Hace apenas unos días el Ayuntamiento concluía las obras de reforma de la plaza de la Virgen y eliminaba los escalones que tantos tropezones han generado. «Pues hija, ni me he enterado que los habían quitado, con tanta emoción no estaba para mirar el suelo», añadía Julio, un fallero cuando le comentaron que se había modificado la plaza para mejorar la accesibilidad.
Los falleros iban desfilando poco a poco y tras pasar las cinco primeras horas ya se podía comenzar a ver el diseño del manto de la Virgen. Este año el equipo de Vestidores de la Virgen han incluido la imagen de la Custodia del Corpus, que hoy quedará totalmente definida en el centro.
Canastillas y ramos de todos los tamaños. Nadie quería quedar mal con la Geperudeta y ofrecían el mejor regalo. «Para mí es el mejor momento. No hay nada igual y la emoción es tan grande que no hay nada que se le pueda comparar», apuntó Ana, de la fallera de Honduras.
Los pequeños eran los que estaban ajenos a la emoción que vivían sus padres y paseaban contentos, algunos cansados de tanto caminar. «Espera un poquito que ya llegamos y te doy la merienda que he traído», comentaba una madre fallera a su hijo que iba en el carro llorando y quejándose por la espera.
Mientras los falleros acababan de desfilar, madres, padres y abuelos corrían a recoger a sus familiares para hacerles fotos y darles un fuerte abrazo. «Cariño, estabas guapísima, que contenta estoy», aseguraba Amparo tras besar a su nieta con un sonoro beso.
Los niños cansados y hambrientos pedían la merienda, la cena y agua y las niñas se quitaban los zapatos de tacón para ponerse cómodos. Y aquellos que pasaban por la Casa de los Caramelos pedían a gritos golosinas.
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Un manto de flores. Los vestidores de la Virgen colocan las flores en la estructura de la Virgen de los Desamparados siguiendo la figura diseñada por esta histórica entidad. ::

Emoción. Primer plano de los ojos llenos de lágrimas de varias falleras durante la Ofrenda. A pesar de que lo querían evitar la emoción les desbordaba. ::

Niñas falleras. Las pequeñas llegan a la plaza contentas y a pesar de su corta edad saben la importancia de ofrecer las flores a la Patrona. ::

Trabajo fino. Vestidores y voluntarios observan el resultado de su trabajo y observan por donde pueden seguir colocando las flores. ::

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