Dos de los más asiduos e incansables ladrones de naranjas de la Ribera han sido detenidos por la Policía Nacional. La pareja, dos jóvenes de 18 y 29 años, constituían un verdadero azote para el sector, principalmente en los campos de cítricos. Los agentes les imputan la sustracción de más de 46 toneladas de naranjas en tres meses.
La investigación ha sido desarrollada por efectivos de la Comisaría de Alzira. Numerosos agricultores de esta zona estaban sufriendo una oleada de robos desde principios de enero. Las sustracciones se centraban en las partidas rurales de La Mulata y Vedat, según ha podido saber LAS PROVINCIAS de fuentes próximas al caso.
Tras varias semanas de pesquisas, los investigadores de la Policía Nacional dieron con los presuntos autores de los hurtos: un joven español de 18 años y vecino de Alzira y otro hondureño de 29 años.
Como indicaron las mismas fuentes, se les considera autores de once robos perpetrados en la zona, cuatro de ellos en enero, media docena en febrero y uno más a principios del mes de marzo. Sin embargo la sospecha de los agentes, a juzgar por la gran cantidad de naranjas sustraídas, es que salían casi a diario en busca de naranjas.
El volumen de cítricos sustraídos por la pareja de ladrones es de 46.288 kilos, cuyo precio de campo es de 18.500 euros, ya que la naranja que robaban, del tipo Navel Lane, se vende a 0,40 euros el kilo.
La manera de actuar de los ladrones de cítricos es siempre la misma. Estudian los campos menos vigilados cuyo acceso es más fácil. Suelen actuar de noche o en horas de poca luz, aunque los agricultores también los han llegado a sorprender robando a plena luz del día. Con un coche o furgoneta acceden a los bordes de los campos y sustraen el mayor número posible de naranjas, bien del suelo o de los naranjos, que cargan en cajas, bolsas o capazos.
Mercado del cítrico sustraído
El siguiente paso es la venta. Si los ladrones de cobre buscan a los chatarreros para sacar dinero de los trozos de cable que sustraen en farolas y pozos de riego, los delincuentes de la naranja acuden a intermediarios dispuestos a comprarles la mercancía sin certificar si su procedencia es legal.
De este modo, las naranjas robadas pasan de mano a mano y acaban vendidas a empresas elaboradoras de zumo (donde el kilo se compra a unos 6 céntimos de euros) o fruteros que las adquieren a precios mucho más baratos que el de campo (entre 10 y 15 céntimos de euros el kilo).
La Policía Nacional investiga ahora si los dos sospechosos están implicados en más sustracciones o si mantenían contacto con otros ladrones de cítricos.











