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El mensajero sideral, 400 años despues

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El mensajero sideral, 400 años despues

El aniversario de la publicación del 'Sidereus Nuncius', de Galileo, sirve a los profesores Bayarri y Marco para repasar la evolución de la astronomía y recordar la labor que en este campo realiza la Universitat de València

12.03.10 - 01:22 -
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El 12 de marzo de 1610 un modesto tipógrafo llamado Tommaso Baglioni publicó en Venecia una obra que cambiaría la historia de la astronomía. Se trataba del Sidereus Nuncius (El Mensajero Sideral) escrito en latín por Galileo Galilei (Pisa 1564-Arcetri 1642). Ante el poco interés que provocaron sus observaciones celestiales entre los intelectuales del Véneto, Galileo acudió a Baglioni, quien aceptó imprimir el tratado acompañado de ilustraciones de la Luna, de la constelación de las Pléyades y del cinturón y espada de Orión. La presencia de imágenes era una novedad en el libro científico del XVII, pues el lector podía visualizarlas simultáneamente en la misma página del texto. Ni el impresor, ni Galileo imaginaron que el Sidereus Nuncius se convertiría en un best-seller. En una semana se agotaron los 550 ejemplares. Dos años después el texto era conocido en la India y en Moscú, y en 1613 estaba traducido al chino.
Y después de 400 años de la publicación del primer libro de divulgación científica, los astrónomos continúan su labor. Ahora las maravillas celestiales son anunciadas a la sociedad desde planetarios, observatorios o universidades. El Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universitat de València, a través del Aula d'Astronomia, enseña el cielo cada año a cientos de estudiantes de primaria y secundaria. Como Galileo, también compartimos nuestro entusiasmo por la visión del universo para comprender mejor nuestro papel en él.
Una revolución cultural. El mensaje de los descubrimientos celestiales llegó en 1631 a Corea y en 1638 a Japón. Había causado una revolución cultural con una obrita que él definía como "pequeño tratado mensajero de grandes y reveladoras verdades" y que fue considerada como un texto fundamental, tanto para la historia de la ciencia, como para el imaginario del hombre barroco. Pero las "novedades" descritas por este astrónomo en 1610, eran el resultado de su paciente observación del cielo de Padua, ciudad donde trabajaba como profesor. Allí empezó a observar el firmamento en el invierno de 1609 con la ayuda de sus anteojos. Su rudimentario telescopio, construido y mejorado por él mismo, le permitió demostrar que la superficie de la Luna está hecha de valles y de montañas como la de la Tierra, que en el Sol hay manchas enormes, que el planeta Venus tiene fases como la Luna y que Júpiter tiene cuatro lunas girando a su alrededor.
El Sidereus empieza diciendo "grandes son las cosas que en este breve tratado me propongo dar a los estudiosos de la naturaleza para que lo vean y lo contemplen." Es una especie de diario de navegante donde Galileo anotaba cada día sus observaciones y dibujaba la posición de las estrellas desde el 7 de enero, primer día en que observó Júpiter, hasta el 2 de marzo de 1610, consciente de haber producido con su telescopio una revolución cultural, como también plasma en su epistolario.
Dedicó sus descubrimientos a los Médicis, concretamente al Gran Duque Cósimo II, y bautizó como "planetas médicis" sus hallazgos. El Sidereus inspiró la pintura y la escenografía teatral en las cortes italianas y fuera de ellas. En Pascua de 1610 regaló a Cósimo un ejemplar de su obra y un telescopio con el que le hizo una demostración ante los astrónomos de Florencia.
A partir del tratado en la pintura barroca se representó el firmamento con las sombras y luces que describía Galileo. Adam Schneider en 1609 ya pintó un firmamento con las manchas de la Luna, la Vía Láctea con numerosas estrellas, las Pléyades y otras constelaciones, todo ello con un naturalismo inédito en pintura hasta entonces.
Y la Tierra dejó de ser el centro del universo.
El Sidereus Nuncius no es actualmente un libro fácil de conseguir, pueden probar suerte en la Fira del Llibre Antic i d'Ocasió. La Universitat de València no dispone, por desgracia, de ningún ejemplar de la primera edición. Sin embargo se pueden consultar en las bibliotecas de Ciencias e Humanidades algunas traducciones modernas en italiano y castellano.
El Año Internacional de la Astronomía se celebró el 2009 para conmemorar los 400 años de las primeras observaciones telescópicas de Galileo y este año recordamos que, con el Sidereus, Galileo nos abrió el conocimiento del cielo a todos.
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