La Fundación Ruralcaja lidera un ambicioso proyecto de investigación aplicada que pretende secuenciar el genotipado de los cítricos y el desarrollo de 'herramientas' genómicas para acelerar los plazos de selección y mejora de nuevas variedades de cítricos.
En el proyecto participan el Centro de Genómica del valenciano IVIA de Moncada, el IRNAS andaluz, el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia y las empresas privadas GCM (de los exportadores Giner, Cañamás y Martinavarro), Anecoop y NGL (Antonio Muñoz). El papel de la Fundación Ruralcaja es, según su director, Carlos Baixauli, la de liderar el grupo, organizar tareas comunes y desarrollar acciones complementarias como oficina técnica y difusión de los resultados obtenidos.
Este plan está financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, cuenta con fondos del Feder europeo y tiene un carácter estratégico, por lo que no se trata de profundizar en investigación básica, sino de ir directamente a lo práctico, en este caso a acortar al máximo el tiempo que ahora se tarda en saber si una nueva variedad es apta para producirla masivamente, según sus características y las preferencias generales del mercado, o debe rechazarse por inadecuada. Un conocimiento básico para un sector agrocomercial tan competitivo como el citrícola.
Esperar a los frutos
La citricultura demanda nuevas variedades para diversificar la oferta y ensanchar la campaña de comercialización en fresco, que es la actividad preferente de este sector en España. De ahí que la investigación se oriente precisamente a obtener nuevas clases de naranjas y, sobre todo, de mandarinas, y no sólo en nuestro país, sino en todos los que compiten en el mercado comprador de fruta en fresco.
En realidad es la misma tendencia que ya se vive desde hace tiempo en otros terrenos de la fruticultura, con constantes cambios e innovaciones de variedades, hasta el punto de que muchas cerezas, nectarinas, melocotones, etc. se bautizan con claves de números o letras, no llegan a disponer de nombres propios, quizás porque su trayectoria comercial suele ser bastante efímera.
La obtención de nuevas variedades se realiza mediante cruces entre las anteriores, polinizando unas flores con otras o fusionando en el laboratorio protoplastos (células sin pared) de los parentales.
Como ocurre con cualquier otro ser, de un padre y una madre salen ejemplares diferentes a los progenitores, pero en principio se desconoce cómo serán cuando se desarrollen. La única manera, hasta ahora, era esperar. Se colocan las plántulas obtenidas en tierra y se aguarda a que crezcan y fructifiquen, o, a lo sumo, se injertan sobre árboles más desarrollados para acortar algo el proceso. Pero en definitiva hay que aguardar a que haya frutos para vercómo son, si gruesos o pequeños, de maduración tardía o precoz, dulces o ácidos, escasos o abundantes, resistentes o perecederos, sensibles o resistentes a dolencias y plagas, etc. Y no una sola vez, sino durante varios años, porque puede que lo que aparezca una vez no se repita, y luego se debe probar a cultivar d de una forma u de otra. En definitiva se trata de procesos clásicos lentos para que son las exigencias del momento.
Análisis del ADN
El cambio que se plantea es radical. Si se desentraña el genotipo de los cítricos y se llega a conocer qué gen determina cada característica, buena o mala, se puede conocer rápidamente si una variedad recién obtenida se comportará de una u otra manera. Bastará analizar su ADN y averiguar si se han transmitido o no determinados genes. Y así sucesivamente.
Baixauli ha explicado que el objetivo es «construir un chip de genotipado» que permita sistematizar estas tareas. Así, el proceso será bastante rápido al final: se irán obteniendo híbridos (mayoritariamente triploides, que no producen semillas) y se analizará enseguida su dotación genética para saber si han heredado de sus parentales cualidades deseadas e incrementadas o vicios.
Al igual que se trabaje con variedades de cítricos se hará con patrones, porque la combinación de unos y otras es determinante para el resultado.
El equipo investigador espera genotipar este mismo año entre 30 y 60 variedades, y el objetivo es contar ya con resultados palpables en cuatro años. Baixauli asegura que en 2013 «dispondremos de información muy interesante».
Sin duda es un gran paso para poner los cimientos de la citricultura del futuro.





