Mi compañero Juan Francisco ha decidido recoger en un diario las experiencias que tiene al cuidar de sus nietos. Está a punto de jubilarse y ha descubierto estos años que la experiencia de cuidar a los nietos es, probablemente, una de las experiencias humanas que produce mayor felicidad. Nadie le obliga a cuidarlos pero él sabe que la vida familiar y profesional de sus hijos está en un momento importante donde todo ocurre a la vez: se tienen los hijos, se inicia la crianza, se monta la casa, se consolida la profesión y se construye cierto horizonte de estabilidad familiar.
Nuestra cohesión social cada día depende más de estas personas. Además del deseo, se sienten movidos por la necesidad de cuidar. Los economistas y especialistas en la economía del bienestar intentan evaluar con números, medir con estadísticas y cuantificar presupuestariamente estas actividades. De hecho, la Ley 39/2006 que regula la autonomía personal y la atención a las personas en situación de dependencia responde a este desafío de organizar socialmente el cuidado. Aunque la Ley no esté pensada solo para el cuidado de los nietos, apunta en la dirección de formalizar, profesionalizar e individualizar un cuidado que mueve en torno al 35% del PIB.
Algunos grupos de abuelos organizados han empezado a plantear la abuelidad como un derecho. Con independencia del estatuto conyugal que puedan tener los hijos, los abuelos quieren establecer una relación directa con sus nietos. No quieren que la calidad de su cuidado se vea mermada por el estatuto emocional de sus hijos. Se sienten corresponsables en el cuidado de sus nietos y perciben que sus nietos tienen derecho a recibir pautas de crianza que sus hijos no pueden transmitir. No porque no quieran, sino porque no tienen tiempo y la crianza no es una actividad prioritaria.
Aunque se consiga reconocer como derecho, el problema que tiene nuestra sociedad es vivir de espaldas a las actividades de cuidar. Hasta hace unos años, el cuidar era una actividad privada, maternal y femenina. Ahora el cuidado es una actividad social en la que deberíamos sentirnos todos implicados. Deberíamos prestar más atención a esta generación de abuelos cuidadores, anuncian la fragilidad de nuestra solidaridad social.




