El ruido puede llegar a ser agradable. Incluso armonioso y musical, como sucedió ayer con la primera mascletà de las Fallas 2010. Pero en muchos casos se convierte en una especie de tortura con consecuencias palpables en la salud. Es lo que les ha sucedido a Merche y Juan Carlos, que llevan soportando el ruido del ascensor de su finca desde hace seis años, desde el mismo momento en que compraron la casa. Como ellos, un tercio de los hogares valencianos sufre problemas de contaminación acústica. Y no es una cifra baladí. Esto significa que afecta a más de 500.000 viviendas, recurriendo a los últimos datos publicados por la Encuesta de Hogares y Medio Ambiente del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La problemática del ruido ha cobrado fuerza en los últimos años como uno de los principales contaminantes ambientales, hasta el punto de convertirse en parte activa de la acción de las Administraciones Públicas, con la creación de áreas con dedicación exclusiva a la gestión del problema, y del poder legislativo, con la elaboración de normas de obligado cumplimiento, desde directivas europeas hasta códigos de edificación que comparten objetivos: prevenir la contaminación acústica.
Las principales fuentes de ruido son el tráfico (15,2% de los hogares), seguido de los sonidos de origen mecánico (8%), que incluyen desde obras en la calle hasta instalaciones como un ascensor, y del producido por los vecinos (7,8%).
La pesadilla de Merche y Juan Carlos comenzó en 2004 con la adquisición de su vivienda. El problema se debe a la falta de aislamiento de la pared de su salón, que recae a la caja del elevador. Ahora, un juez ha condenado a la constructora Urvitra S. A. a indemnizar a esta pareja de Paiporta por los daños causados y además, a aislar correctamente el aparato. Han tenido que pasar años de reclamaciones administrativas y judiciales para conseguir una solución.
«Con el ruido del ascensor no descansamos. Si un vecino baja a tirar la basura, lo escuchas, así como las entradas y salidas. Por la noche, con todo en silencio, se nota más. Por ejemplo, si quieres escuchar la tele tienes que subir el volumen», explica Juan Carlos en su casa, donde cada vez que alguien llama al ascensor se percibe la vibración con sólo poner la mano en la pared. Además, debe soportar un zumbido que evoca al que produce el condensador de un aparato de aire acondicionado, pero dentro de casa.
«El problema es que los anclajes de la caja están en el propio tabique, en la pared de mi salón», señala este vecino, después de descubrirlo durante una cata que se tuvo que realizar durante el proceso.
En la sentencia se dice que «la deficiente ejecución de los elementos del ascensor comportan que se transmitan al interior de la vivienda niveles sonoros superiores a los permitidos y recomendados».
Pese a las consecuencias del ruido, no es habitual tomar la iniciativa para tratar de atajarlo. Es lo que dice la encuesta del INE, teniendo en cuenta que sólo un 25% de las personas que sufren la contaminación acústica en su propia casa deciden buscar una solución.









