Las colas frente a las puertas de Casa Caridad se han convertido en habituales en pleno siglo XXI. Pero la imagen no es nueva. En otras épocas complicadas, como la guerra civil o la riada, los más necesitados también se agolpaban en los alrededores de la institución para recibir su ración de comida.
Los tiempos han cambiado pero resurge la misma necesidad: el hambre. La entidad valenciana llegó a repartir en 2009 cerca de 500 raciones al día. En la posguerra, se distribuyeron cerca de 500.000 al año.
Los primeros en ser asistidos por Casa Caridad fueron Salvadora Cortelles y Bautista Rodrigo Pons, dos ancianos que, a falta de dinero, devolvieron su agradecimiento con un beso. Era el año 1906 y la asociación valenciana daba sus primeros pasos.
Desde entonces hasta hoy, no ha cerrado sus puertas ni un solo día. Ni siquiera cuando se produjo la Riada, que dejó más de un metro de agua en la sede de la Pechina.
Es ahora más que nunca, cuando la situación se parece demasiado a algo ya vivido: la posguerra. El presidente de la entidad, Antonio Casanova, asegura que las cifras que se manejan a día de hoy «rompe los esquemas de lo imaginado hace un par de años». Las ayudas alimenticias durante 2009 se situaron en 340.356.









