La crisis está pasando factura de manera rigurosa a los productores españoles de flores y plantas ornamentales, que suponen el 4,3% de la producción vegetal del país, un nivel nada despreciable ni residual. Si todos los sectores se resienten, es lógico que sufran más aquellos que producen artículos aparentemente más prescindibles en momentos complicados. Por eso la agricultura ornamental padece más las consecuencias de los recortes de gastos en consumo que la alimentaria. Comer es lo primero; los adornos se ven más secundarios.
Pero lo que está claro es que la producción, de lo que sea, nunca es secundaria para quien vive de ella. De ahí que las empresas agrupadas en la Federación de Productores y Exportadores de Frutas, Hortalizas, Plantas y Flores (FEPEX) se estén esforzando en resistir y tratar de suplir con mayores esfuerzos de cara al exterior las caídas de ventas que padecen en el mercado interno y en otros destinos habituales del resto de Europa. Y lo están consiguiendo.
Vicente Peris preside el Comité de Flores y Plantas de FEPEX junto a la feria Iberflora de Valencia -la más consolidada a nivel nacional-, y es además secretario general de ASFPLANT, organización que agrupa a los productores de este sector en dicha comunidad autónoma. Posiciones privilegiadas para conocer en profundidad lo que acontece entre sus asociados, realizar diagnósticos y trazar estrategias de futuro. Lo primero que destaca es que «los rendimientos generados por la producción y el valor de sus exportaciones son superiores a los de otros muchos sectores agrarios, lo que tiene mayor relevancia si se considera que esta actividad se realiza sin ninguna subvención de la UE y en contra de una fuerte y creciente competencia por la entrada en liza de países terceros, con inferiores costes y exigencias sanitarias, sociales, medioambientales y, en general, de todo tipo».
Los productores de horticultura ornamental emplean a unas 45.000 personas, cultivan unas 6.100 hectáreas y facturan 725 millones de euros anuales, de los que exportan por valor de unos 200 millones. Las principales comunidades autónomas con implantación de estos productos son Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña, Canarias, Galicia y Murcia.
El que más sufre
Según Peris, estamos ante el sector agrario que sufre con mayor dureza la crisis económica, «con una caída brusca del consumo privado y de las empresas de jardinería, obra pública y construcción». El parón urbanístico ha frenado de golpe las ventas para jardines y vías públicas. Y para terminar de complicar el panorama, encima de que se vende mucho menos, se desploman los precios y suben los costes de producción, sobre todo los energéticos y de mano de obra, con una inflación sectorial que supera el 22% en cinco años.
Pese a todas las dificultades, los empresarios de planta ornamental han redoblado esfuerzos en el mercado exterior, buscando conquistar nuevos mercados. Y lo están logrando. De esta manera han conseguido que las exportaciones no bajen tanto, en conjunto, como era de temer. Si entre enero y noviembre de 2008 vendieron fuera por valor de 210,5 millones de euros, en el mismo período de 2009 resistieron con 191 millones, tan sólo un 9% menos, cuando las importaciones que llegaron a España evolucionaron peor: 182,3 millones en 2008 y 158,7 en 2009, con un 13% de caída.
En los países del centro y el norte de Europa es clásico consumir plantas mediterráneas de exterior, como pequeñas palmáceas, adelfas, romero y otras especies medicinales o aromáticas, que allí se usan para el interior de las casas, dada su meteorología más adversa. De esta manera acercan al hogar o la oficina retazos de vivo paisaje mediterráneo. Por eso, los productores españoles orientaron rápidamente su producción para atender esa demanda. Ahora, con el deterioro de las ventas, han girado con mayor fervor su atención hacia otros destinos con poder adquisitivo alto, como los países árabes -sobre todo los Emiratos del Golfo- y del Magreb. Esto ha posibilitado, por ejemplo, que productores de algunas autonomías estén encontrando valiosas alternativas comerciales, con las que incluso están consiguiendo mejorar sus cifras de negocio.
En esta estrategia de redoblar la exportación, Vicente Peris destaca «los apoyos que nos están dando algunos departamentos de la Administración», como el Instituto de Comercio Exterior a nivel nacional, su homólogo valenciano (el IVEX) o algunas consejerías autonómicas. Sobre todo, son apoyos para facilitar la presencia de estos productores en ferias internacionales, «que es la forma más barata y eficaz para darse a conocer, contactar con compradores y vender».
Han logrado así una importante implantación en Abu Dhabi y Dubai que, además, están ejerciendo de plataformas lanzaderas para otros destinos próximos, de igual forma que algunas empresas especializadas se están introduciendo en mercados que se antojaban complicados, como Argelia y otros países del Norte de África. Aquí la internacionalización empresarial no estriba tan sólo en exportar producto, sino también tecnología y capacidad de diseño para construir zonas ajardinadas. En Orán, por ejemplo, algunas firmas españolas como Villanueva participan en el ajardinamiento de techumbres de nuevos edificios.
Reto pendiente
Pero ahora, profundizar en el mercado interior es el principal reto pendiente del sector. Peris apunta que, para ello «es preciso establecer agresivas estrategias de venta con las grandes superficies y cadenas de supermercados, al estilo de lo que se hace desde hace tiempo en otros países europeos». Al mismo tiempo han presentado al Gobierno -a Josep Puxeu, secretario de Estado de Medio Rural- una batería de peticiones. Quieren apoyo técnico y financiero -créditos del ICO- para modernizar sus instalaciones con invernaderos de última generación, diversificar productos y presentaciones, y entrar con fuerza en circuitos comerciales poco explotados.





