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Ocho de cada diez inmigrantes no se plantean regresar a su país

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Ocho de cada diez inmigrantes no se plantean regresar a su país

El paro y los problemas para pagar las hipotecas de las viviendas dificultan el retorno

15.02.10 - 00:48 -
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Fue hace diez años cuando, con el boom inmobiliario, los inmigrantes se lanzaron a comprar viviendas. Muchos extranjeros llegaron a la Comunitat en busca de un mejor porvenir, y la intención a largo plazo era retornar a su país con las manos y las maletas llenas. Pero una década después sus previsiones se han venido abajo y, agobiados por el paro y por la imposibilidad de pagar las hipotecas, no tienen previsto partir.
«El sueño europeo ha sido eso, un sueño. Ha resultado ser una realidad ficticia», aseguran Marino Pulgarín y Luis Carlos Acero, colombianos y responsables del Grupo de Acción y Desarrollo Solidario en Alicante. Una asociación donde tienen a un millar de familias, y de diferentes nacionalidades, con problemas hipotecarios.
Ocho de cada diez inmigrantes residentes en la Comunitat Valenciana han planeado quedarse en España. Al menos, en los próximos tres y cinco años. Otro 11% no tiene un proyecto claro sobre su futuro, mientras que un 7% piensa regresar. Tan sólo un 1% dice que se desplazará a un tercer país.
En estos porcentajes caben dos interpretaciones. Primero, que optan por quedarse porque aun no han logrado ahorrar lo suficiente para volver y asentarse en su país, y ahora mismo tienen dificultades económicas para realizar un retorno. Y en segundo lugar, que existe un alto grado de integración, siendo los originarios de los países desarrollados y los africanos -los que llevan más tiempo de permanencia llevan en España- los que más intenciones muestran de quedarse. La pareja y los hijos son el factor determinante a la hora de tomar esta decisión.
Esta estadística se incluye en el informe sobre 'La Inmigración en la Comunitat Valenciana', que forma parte de una encuesta nacional de 2007 y que ha sido promovida por el Instituto Valenciano de Estadística (IVE). El objetivo era conocer las características demográficas y sociales de los nacidos en el extranjero. El estudio encargado por el IVE ha sido realizado por el Grupo de Estudios Población y Sociedad (Geps), un equipo integrado por profesores de diversas universidades españolas y que ha realizado 1.451 encuestas, diferenciando entre aquellos que llegaron antes de 1992, los que entraron entre 1992-2001, y el periodo 2002-2007.
Más de la mitad de los inmigrantes residentes en la Comunitat estaba trabajando en su país antes de emprender el traslado; un 15% estudiaba y una cuarta parte se dedicaba a las labores domésticas. A diferencia de la opinión generalizada que existe, fueron muy pocos los que tuvieron que endeudarse para costearse el viaje. Sólo el 18% asegura que no contaba con ahorros previos ni recursos familiares.
Un ejemplo es Marino, que tuvo que salir hace diez años de Colombia por el conflicto armado y «malvender» una empresa que le funcionaba bien. No le quedó otra que emigrar junto a su mujer y sus dos hijos desvinculándose del resto de su numerosa familia -tiene 14 hermanos-. Dice que perdió una buena calidad de vida a pesar de los problemas sociales del país. «Los inmigrantes llegaron con grandes expectativas. Podían participar en la compraventa de casas y, ahora, después de diez y quince años trabajando, lo están perdiendo todo. Sus expectativas se han frustrado», explica el delegado de Gades, Luis Carlos Acero, en la sede de la asociación donde no cesan de entrar extranjeros que se encuentran en esta misma situación. Uno de ellos es Wilmer. «Ni loco recomendaría ahora a un compatriota que se viniese para acá». Sufre ansiedad. Y no es para menos. Se ha quedado sin trabajo, no tiene paro y acude a pedir ayuda para intentar sacar adelante a sus cuatro hijos. Llegó a España hace diez años como la mayoría de los participantes en la encuesta. Y como muchos se metió en una vivienda que actualmente no puede sufragar. Este riesgo de embargos -que ya es una realidad- también se pone de manifiesto en el estudio. Y es que el número de inmigrantes que tienen una vivienda en propiedad en la Comunitat supera con creces al resto de autonomías. El 44% de los residentes ha accedido a esta modalidad frente al 30% en España, y más de la mitad se encuentran pagándola.
Aunque en el citado informe se destaca que este alto grado de participación en la compra de pisos supuso en su momento un cambio en el mercado inmobilario frente al régimen de alquiler, y que en el caso de los inmigrantes que llevan menos tiempo y que se lanzaron a comprar podría considerarse «un ejemplo de éxito y de integración», no es menos cierto que «con una vivienda cuyo valor de mercado se está reduciendo y con el empleo en plena fase de destrucción, esta situación puede ser fuente de importantes problemas en un futuro próximo», advierten los autores en su estudio.
Carmen, de 32 años y Ecuatoriana, ya está pasando por estas graves dificultades. Llegó hace nueve años a España. Tiene tres hijos de 16, 15 y 9 años, y su marido está en el paro. Ella trabaja por horas, pero «no nos alcanza» para pagar la vivienda. También ha acudido a la asociación en busca de ayuda.
Como otros muchos inmigrantes, emigró a Alicante «para ahorrar e invertir» en un futuro mejor. A largo plazo tenía intención de regresar a Ecuador, pero ahora mismo no puede porque «no tenemos nada. No nos queda otra que aguantar un poco más aquí».
El endurecimiento de la política inmigratoria y la crisis económica hacen prever una ralentización del flujo migratorio en los próximos años. Un movimiento que ha crecido de forma espectacular , sobre todo entre 2002 a 2007, y donde han ganado peso los grupos procedentes de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú frente a la inmigración histórica -la de antes de 1992- con más de tres de cada diez inmigrantes de los países desarrollados, una cuarta parte de los africanos y el resto, de América Latina.
El plan de retorno impulsado por el Gobierno está resultando un fiasco, aunque desde la asociación señalan que se está produciendo un «retorno silencioso» entre aquellos que deciden regresar por su cuenta. «Quizás a largo plazo vuelva», dice Marcelo, quien reconoce que es muy complicado porque influyen factores económicos y sociales. Y es que, después de tantos años en España, teme sentirse un intruso en su país.
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