Silvino Navarro tiene 82 años. Se levanta todos los días a las cinco de la mañana, a las ocho y media va al despacho y hacia las once u once y media se acerca a la fábrica de INCUSA de Silla. Come allí. Un día a la semana va a la fábrica de Cheste y cada quince días a la de Navarra. «Salgo a las seis de la mañana, con chofer, ¿eh?, yo solo conduzco en los alrededores de Valencia, y por la tarde me vuelvo»
Luego dedica las tardes a «la medicina más barata que yo tomo»: jugar al tenis por lo menos cuatro veces a la semana, ahí en Viveros, donde empezó reuniéndose la CEV.
La pérdida de su esposa, hace un año, dice que ha sido durísima. Aunque le queda la familia: cinco hijos, todos casados «y continúan casados todos», y 16 nietos físicamente todos bien. Pronto, bisabuelo. Y los amigos, también empresarios como Jiménez de la Iglesia, como Félix, que le obligan a salir de casa y a reunirse con ellos delante de un buen plato.
Lejos en el tiempo queda aquel momento en que su padre, que en febrero de 1936 se había presentado con Chapapietra por el Partido Republicano Independiente de Alicante, perdió las elecciones y decidió ese mismo día dejar en Monóvar fábrica de jabones, banco familiar y convicciones políticas. Huyó a Valencia, donde vivó refugiado buena parte de la Guerra hasta que escapó a Francia y después regresó a San Sebastián.
«En Valencia mi padre se escondía donde podía y mi madre y mis cuatro hermanos, una de ellas nacida un mes antes, estábamos en una casa alquilada en el número 19 de la calle del Conde Altea. En Monóvar mataron a dos hermanos de mi madre porque no decían dónde estaba mi padre. Mi madre nunca quiso volver a Monóvar».
Acabada la guerra estudió Química en Sarriá, en Barcelona, y enseguida volvió a Valencia a trabajar, un poco en los jabones de Monóvar y después y para siempre en los curtidos de Mislata, que cambió a Silla y que fue aumentando: Cheste, Navarra, etc. «Mi padre murió el 1 de abril de 1966 y la nueva empresa se inauguró el 11 de abril de 1968. La inauguro el que entonces era director general de Industria, Rodolfo Martín Villa».
¿Problemas? La competencia, que viene fundamentalmente de China, aunque también los italianos nos hacen mucho daño. Y luego está la importancia que ha perdido en España la industria del calzado.
Y desde siempre, apostando por la unión de los empresarios, por las formas desde las que defender la calidad del empresariado valenciano.








