-A usted le acusan también de bloquear el diálogo.
-Comparados con el resto de autonomías somos los que más mesas de negociación tenemos abiertas permanentemente con los diferentes sectores. Llevamos del orden de 130 desde el verano para acá. Ese es el dato objetivo, otra cosa es que cada uno tenga su opinión. Nuestra obligación es ponerle el termómetro a la sociedad e interpretar los deseos mayoritarios.
-Sin embargo, el manifiesto de trece reivindicaciones que plantea la Plataforma per l'Ensenyament Públic sigue prácticamente tal cual.
-Esta Conselleria y este Gobierno tiene los interlocutores que la ley marca y con ellos trabajamos. Tenemos las mesas abiertas con nuestros interlocutores naturales. Si alguien quiere «salvems», que se vaya al Cabanyal. Literalmente.
-Sin embargo, las movilizaciones de protesta organizadas por esa plataforma han sido masivas.
-El año pasado, al acabar la manifestación en contra de EpC -a la que yo llamo de los panes y los peces porque cada vez que se habla de ella se multiplica el número de asistentes- alguien dijo: «esta es la mayoría social, que convoquen elecciones si se atreven». Al cabo de poco tiempo hubo elecciones europeas con el resultado de una mayoría abrumadora del PP. Yo, de alguna gente, me repensaría su posición en el seno de la sociedad, no vaya a ser que mirando sólo a las minorías nos olvidemos de las mayorías.
-Pero la tensión parece no acabar.
-La gente, en general, no responde a la agitación que se le propone desde la izquierda. Por eso estamos convencidos de que trabajamos en bien del sistema educativo en general, y del público en particular.






