La Fira i Porrat de Sant Antoni ha estado marcada por la crisis, ya que los benisseros salieron a la calle pero mirándose el bolsillo mientras que los vecinos de la comarca no se acercaban al para disfrutar de lo preparado.
Cuando todo apuntaba a que este año estaría marcado por la falta de asistencia, llegó la feria medieval. Una cita que congregó a miles de visitantes y que daba un respiro a los feriantes. Esta imagen recuperaba la estampa a la Benissa está acostumbrada, y sus calles se veían abarrotadas de gente que no querían perderse los últimos días de feria.
Dificultad para aparcar, y eso que se habían habilitado varias zonas para este fin, ir a comer o cenar y tener que hacer cola o esperar que les tocase el turno a los pequeños para montarse a las atracciones, devolvían la sonrisa a los feriantes que lamentaban la poca asistencia de gente.
Una edición, la de este año, que destaca por el pasado fin de semana y el primer domingo en el, que más de un millar de asistentes, acudieron a la tradicional bendición de animales. Ahora, habrá que esperar, como dicen los feriantes, «a que el año que viene sea mejor, pero no sólo ha pasado en Benissa».











