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Goltrán Zanón en el entierro del tomate. :: lp

Goltrán Zanón: «Robaba tomates a mi padre para lanzarlos»

  • A sus 83 años, Goltrán Zanón es el hombre de mayor edad que participa en la Tomatina, una fiesta que él mismo fundó

  • La famosa batalla fue prohibida en 1947 y los vecinos de Buñol realizaron un simbólico entierro del tomate como protesta

Los niños antes se criaban en la calle, podían pasar horas jugando por el pueblo porque se divertían con cualquier cosa, hasta lanzándose tomates. Así fue la infancia de Goltrán Zanón, se crió como cualquier niño de pueblo de Valencia, ayudando a su familia en el campo. Goltrán fue uno de los impulsores de la Tomatina y aún hoy, a sus 83 años, sigue participando.

La Tomatina es una tradición de más de 70 años que empezó como una travesura, como cualquier juego de niños. En unas fiestas de gigantes y cabezudos, unos jóvenes querían salir en el pasacalle, se colaron entre la comitiva a empujones, lo que hizo que uno de los participantes acabara en el suelo. Se enfadó de tal modo que empezó a lanzar cosas a los niños, todo lo que encontraba a su paso. Cerca había un puesto de verduras y lo que empezó como una pequeña maldad acabó siendo una batalla de todos contra todos. De la casualidad nació esta tradición en 1945.

Goltrán habla de la fiesta de antes con nostalgia: «cuando éramos jóvenes nos divertía mucho mancharnos y pringarnos, pero no nos hacíamos daño». Y es que esto del lanzamiento de tomate tiene su propio ritual, «estrujar antes de lanzar, siempre», explica Zanón.

«Antes les robábamos los tomates a la gente del pueblo, a nuestros padres. Mi padre era uno de los afectados porque le robaba yo», dice mientras se ríe. «Sigo participando porque me recuerda a esos años, a mi infancia y que ahora sea tan conocida, es bonito y está bien para el pueblo».

Fue prohibida en el año 47. En palabras del propio Goltrán, «fue un jarro de agua fría» y más aún para «los jóvenes que disfrutábamos con ello». Lo que había empezado como un juego termino siendo una celebración para el pueblo. Pero llegó un alcalde que «se empeñó en que tenía que terminar», explica. No había ningún motivo de peso, pero «había gente que no entendía la fiesta y hoy en día aún hay personas que no la comprenden».

Como protesta, Goltrán, junto con amigos y vecinos del pueblo, organizó lo que ahora se conoce como 'El entierro del tomate'. Iban de luto, llevaban en andas a un tomate, lloraban y desfilaban por todo el pueblo con una música que les acompañaba. «Acabamos en la plaza donde enterramos al tomate en símbolo de protesta», hasta que llegó la Guardia Civil. «Se llevaron a algunos al cuartel, pero no pasó a mayores», asegura Goltrán. «Al final tuvieron que claudicar», añade.

Gracias a él, a su ingenio y al apoyo que le dieron algunos vecinos del pueblo consiguieron que la fiesta pudiera continuar, que se convirtiera en fiesta local «y creciera, hasta hoy», dice riendo.

Y es cierto que ha crecido. En 2002 se declaró como Fiesta de Interés Turístico Internacional y cada año participan personas de todas partes del mundo. «Antes era algo de la gente del pueblo, ahora fíjate cuanta gente viene», exclama Goltrán, pero entiende que para Buñol la Tomatina es la mejor carta de presentación. «Que la gente venga, disfrute con nosotros, que se gasten el dinero en esta fiesta, que seamos conocidos por esto es bueno para el pueblo y para nuestros comercios», reflexiona.

Goltrán recuerda con nostalgia lo que era, pero habla con orgullo de aquello en lo que se ha convertido. Ahora es una fiesta a la que hay que poner precio para limitar el aforo, pero «desde que se venden entradas la gente del pueblo disfruta más y vuelve a participar», explica. Su consejo para los participantes es «disfrutar, que tomen ejemplo de como nos comportamos los que somos de aquí, la gente de Buñol, que no se sobrepasen, pero que disfruten".

Su deseo: «que perdure muchos años», que cuando hablen de Buñol recuerden su famosa Tomatina.