Mejorar el mundo a golpe de videojuegos

Una captura de 'Antura and The Letters'./
Una captura de 'Antura and The Letters'.

Después de quince años a bordo de Ubisoft, el programador Francesco Cavallari decidió fundar Videojuegos Sin Fronteras, una ONG que desarrolla juegos con impacto social

Iker Cortés
IKER CORTÉSBilbao

Testigo de excepción de la evolución del videojuego -por sus manos han pasado títulos como 'Beyond Good & Evil', franquicias de renombre como 'Splinter Cell' y, por supuesto, la tecnología y las consolas de toda una época-, Francesco Cavallari decidía poner fin hace tres años a la relación que desde 1999 le unía a Ubisoft, una de las compañías más importantes del sector.

“Estaba algo cansado. Aunque cada proyecto era distinto, tenía la sensación de estar haciendo siempre lo mismo y apenas había visto mundo fuera”, reconoce en el Fun & Serious Game Festival quien tuvo la fortuna de integrarse en el estudio que la compañía acababa de abrir en Milán, tan solo tres semanas después de acabar la carrera. A aquel reto se unía una cuestión personal: su novia iba a participar en un proyecto de seis meses en África junto a Payasos Sin Fronteras. Y entonces, como un chiste, Cavallari dijo: “¿Y por qué no Videojuegos Sin Fronteras?”.

La ONG se puso en marcha en 2015 pero los objetivos y la visión se han ido cristalizando con el paso del tiempo. Conforma Videojuegos Sin Fronteras una comunidad online de 180 personas, en su mayor parte freelance, de 25 países distintos, que cree en los videojuegos como “una herramienta para mejorar el mundo”. En este sentido, la ONG utiliza como guía para desarrollar su labor los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que lanzó Naciones Unidas en cuestiones como cambio climático, igualdad de género o salud. Y lo hace en tres vertientes distintas: “Podemos hacer juegos con un impacto social directo en estas materias, hacer un título que recaude fondos para una determinada causa social o usarlos como una herramienta para concienciar”, explica Cavallari.

Dice el desarrollador que esta última vertiente indica que Videojuegos Sin Fronteras “no solo trabaja como una ONG tradicional, sino que también puede competir en el mercado con otros juegos comerciales”. Pone como ejemplo 'This War of Mine', un título desarrollado por el estudio 11 Bit Studios con evidente interés comercial, que hace visible los efectos y las consecuencias que una guerra tiene sobre la población civil. "Ha sido todo un éxito comercial y además enriquece al jugador. Es un espacio donde nosotros también queremos estar", señala.

En cambio, el primer proyecto que ha lanzado Videojuegos Sin Fronteras tiene una función mucho más inmediata: alfabetizar a los niños sirios que están sin escolarizar a causa del conflicto bélico. 'Antura and The Letters' fue uno de los videojuegos ganadores en un concurso organizado por el Gobierno noruego y que aún sigue actualizándose, merced al seguimiento específico de 250 chavales y su interacción con el título. "Teníamos un doble objetivo: que los niños aprendieran a leer en áraba y mejorar su estado psicosocial. Los primeros informes que hemos recibido señalan que el impacto sobre el segundo objetivo es aún más importante porque si uno no está bien no puede aprender, y si uno tiene más confianza y seguridad en sí mismo, se relaciona mejor con el entorno", comenta Cavallari, que ya está trabajando en la actualizacion en este sentido.

No es el único proyecto que Videojuegos Sin Fronteras tiene entre manos. Durante los seis meses que Cavallari permaneció en Burkina Faso, surgió la idea de realizar un cuento interactivo. La idea era tomar un relato tradicional africano y desarrollarlo en un formato App con artistas locales. "El guión y los dibujos los terminamos, no así las animaciones", se lamenta el programador. Y es que no es fácil hacer un videojuego en una zona en la que internet funciona mejor a través del 3G y la luz eléctrica viene y se va. "Necesitas ser más organizado y tener un músculo mayor", elabora Cavallari.

En la actualidad, el proyecto, que buscaba recaudar fondos para una ONG de Burkina Faso, se ha convertido en algo más ambicioso. "Queremos hacer una colección de cuentos del mundo educativos y solidarios y que se puedan comprar a través de una única App", dice.

Otras alternativas

Pero la ONG ya baraja otra forma de ofrecer sus servicios. "Es posible que acabemos haciendo juegos por encargo. Somos como una consultora con la que las ONG pueden contactar cuando quiera usar los videojuegos para sus fines", apunta Cavallari. En este sentido, la comunidad crearía conceptos cuando un cliente potencial entrara en contacto con ellos, de ahí se pasaría a buscar la financiación y, ya con el dinero sobre la mesa, se inicia un 'casting' para poner en marcha el equipo pero siempre con la idea de priorizar a los miembros de esa comunidad.

-¿Qué has aprendido de toda esta experiencia?

-Estoy aprendiendo cada día y es lo mejor para mí. A veces siento que esto me está aportando muchas más cosas a mí que las que yo puedo aportar a otros. dando a mi casi mas que a otros. La industria del videojuego es una burbuja en la que te acabas relacionando siempre con gente que tiene unas pasiones muy afines a las tuyas. Salir fuera y ver el mundo desde otro punto de vista o escuchar y entender las necesidades de otras personas e intentar ayudarlas es lo que realmente me hace aprender cada día y lo que más me aporta ahora mismo.

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