Zuckerberg se vistió de hombre de paz para preparar la guerra

El joven empresario representó ante el Congreso de EE UU la enésima ceremonia del perdón desde que fundó Facebook en 2004, pero sin cuestionar un ápice su modelo de negocio

Zuckerberg ante el Congreso de EE UU./Afp
Zuckerberg ante el Congreso de EE UU. / Afp
BORJA BERGARECHEDirector de Innovación Digital de Vocento

«Señor Zuckerberg, por muchos motivos, usted y la compañía que fundó representan el sueño americano». Así recibió el martes al consejero delegado de Facebook John Thune, el republicano que preside el comité de Comercio del Senado de EE UU, al dar inicio a ocho horas de interrogatorios en las dos cámaras del Congreso. Frente a un semicírculo de hombres (sobre todo) y mujeres de intimidatorio aspecto senatorial y pelo gris, el joven empresario de 33 años terminaba de instalar el cojín que usó para elevar su estatura ante los representantes del pueblo.

La personificación del sueño americano no lo parecía tanto, embutido en su traje con corbata y una compungida cara de circunstancia. El Senado del imperio impone. Pero no nos dejemos engañar por las apariencias. Revestido de ceremonia del perdón, Zuckerberg en realidad concedió muy poco, si nos fijamos en estas tres verdades que negó implícita o explícitamente.

1. El modelo de negocio de Facebook es hacer dinero con nuestros datos. Y punto. Lo es desde que en 2002, en su habitación de estudiante de Harvard, Zuckerberg recopiló sin consentimiento las fotos de sus compañeros desde la intranet de la facultad para crear Facemash, el antepasado de Facebook que invitaba a los alumnos a votar a los más guapos y guapas. La red social obtiene sus millonarios ingresos de la publicidad gracias al enorme volumen de información que acumula sobre sus 2.200 millones de usuarios. De ellos, 1.400 millones acceden cada día.

Así, la compañía obtuvo en el último trimestre de 2017 un ingreso medio por cada uno de esos usuarios de 27 dólares, un 35% más que el mismo periodo del año anterior. Los mercados lo tienen claro. Las acciones de Facebook subieron tras las comparecencias, y el propio Zuckerberg, dueño del 16% de la compañía, es ya la séptima persona más rica del mundo según Forbes tras embolsarse casi 3.000 millones de dólares estos días. «Facebook no es una comunidad, es un régimen de vigilancia unidireccional y extremadamente rentable», decía esta semana la socióloga Zeynep Tufekci en Wired.

2. A Facebook no le preocupa nuestra privacidad. No lo ha hecho nunca, aunque pida perdón por Cambridge Analytica. La vulneración sistemática de nuestra privacidad es el pecado capital que los parlamentarios estadounidenses reprochan a Facebook. Lo resumió a la perfección el senador demócrata Dick Turbin en uno de los momentos álgidos de la comparecencia. «Estamos hablando de los límites del derecho a la privacidad y de cuánto debemos revelar en la América moderna en el nombre de «conectar a las personas alrededor del mundo», dijo, en referencia al lema fundacional de Facebook. Pero los gestos de arrepentimiento de Zuckerberg no son creíbles. Creó su empresa en 2004, y revolucionó las redes sociales con el lanzamiento dos años más tarde del News Feed, ese «muro» que prioriza la actividad de tu círculo social. En 2007 decenas de usuarios circularon una petición exigiendo a Facebook mayor respeto a su privacidad. Ni caso.

En 2011 la Comisión Federal de Comercio exigió a Facebook un mayor compromiso con la protección de datos. Nada, hasta hoy. La empresa ha anunciado que, 14 años después de su creación, va a facilitar el control del usuario con qué datos comparte y cuáles no. Gracias. Pero ha dejado muy claro que no contemplan habilitar la opción de bloquear la obtención de data personal. Zuckerberg alcanzó su máxima cota de cinismo, además, cuando dijo no saber lo que eran los «shadows profiles» («perfiles en la sombra»). Según casi todos los especialistas, Facebook elabora un perfil oculto sobre cada uno de nosotros con nuestra actividad en la plataforma (incluido el contenido de los mensajes de Messenger y de texto para los usuarios de teléfonos Android, no así de iPhone), a lo que suma datos que compra a empresas terceras e información de nuestra vida offline. Zuckerberg mintió cuando alegó desconocimiento.

3. Zuckerberg no cree que sea necesario regular a los gigantes de Silicon Valley. Sorprendió durante su comparecencia diciendo lo contrario, introduciendo el mismo la idea de que quizás sea necesario regular Facebook. Fue un cínico ataque preventivo. Sabe que han perdido la batalla de la opinión pública y que crece el número de legisladores que quieren limitar legalmente lo que pueden hacer. Según un sondeo de Axios publicado en febrero, desde noviembre el porcentaje de estadounidenses preocupados porque las autoridades «no harán lo suficiente» en la regulación de estas empresas ha pasado de 40 a 55%. Por eso, hábilmente, Zuckerberg apeló al nacionalismo económico, tan en boga en la América de Trump, cuando advirtió que esa regulación «la tendremos que hacer de manera que las empresas americanas puedan innovar en esas áreas, porque si no nos pondremos detrás de competidores chinos».

Regulen, pero no mucho, vino a decir. Sabe que muchos congresistas republicanos simpatizan con su proeza empresarial. «Es usted una gran historia de éxito americana», le dijeron varios diputados. Y que comparten su alergia ideológica, omnipresente tanto en Washington como en Silicon Valley, ante la idea de que los poderes públicos limiten con leyes la libertad empresarial. «No es exactamente un escándalo que diputados republicanos piropearan a Zuckerberg durante ocho horas de interrogatorio, pero llama mucho la atención el grado en que el enorme éxito de Facebook en un mercado no regulado resulta un artículo de fe para muchos republicanos», afirmaba Will Oremus, especialista de Slate, esta semana. Zuckerberg sabe que se acerca el invierno de la regulación para los gigantes tecnológicos. Y Facebook -como hace Google, como hace Jeff Bezos de Amazon- se vistió de hombre de paz para preparar la guerra.

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