La viuda de Patraix aprovechó la pasión de uno de sus amantes para su plan criminal

18-1-2018. El asesino colaboró con la policía tras su detención e indicó a los investigadores el pozo ciego en Ribarroja donde había arrojado el arma homicida. / juanjo monzó
18-1-2018. El asesino colaboró con la policía tras su detención e indicó a los investigadores el pozo ciego en Ribarroja donde había arrojado el arma homicida. / juanjo monzó

El asesino confeso llevaba en su mochila cartas de amor de su querida cuando fue detenido por el Grupo de Homicidios

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

Un triángulo amoroso formado por tres hombres enamorados de la misma enfermera, los sentimientos obsesivos de uno de ellos y la presunta intención de la mujer de deshacerse de su marido desencadenaron el asesinato del ingeniero noveldense Antonio Navarro Cerdán. El 19 de agosto de 2017, tres días después del crimen, una gran multitud asiste al funeral en la iglesia de San Pedro Apóstol de Novelda. Las muestras de dolor se mezclan con sentimientos de rabia. El asesinato a cuchilladas de Antonio ha causado una gran conmoción en el barrio valenciano de Patraix, donde fue hallado el cadáver, y en la población alicantina que vio crecer a la víctima y su viuda. Con lágrimas corriendo en sus mejillas y rota de dolor, aparentemente, María Jesús M., de 27 años, sube al altar mayor y lee una carta de amor y agradecimiento a su difunto marido. Sus familiares y amigos íntimos enmudecen y varios de ellos no pueden contener las lágrimas.

Cinco meses después, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional de Valencia detiene a la viuda como presunta coautora del crimen y a uno de sus amantes, Salvador R. L., de 47 años y compañero de trabajo de la joven, que confiesa ser el autor de las ocho cuchilladas que recibió la víctima. La noticia de los arrestos de Salva y Maje, como les llaman sus amigos y familiares, fue recibida con incredulidad y sorpresa en el hospital privado de Valencia donde ambos trabajaban, y con gran indignación en Novelda tras la dramática escena que protagonizó la mujer en el funeral de su esposo.

El sumario de la Operación Viuda Negra, nombre elegido por los investigadores, desvela que Maje «ha aprovechado el amor incondicional y entregado de Salva para sus propios fines». Según las investigaciones policiales y las escuchas telefónicas, la joven «participó de forma activa en la planificación y ejecución del asesinato» tras facilitar a su amante los horarios de su marido y la llave del garaje donde cometió el crimen. Además, la noche anterior al asesinato, Maje durmió en casa de otro hombre para asegurarse de que su esposo aparcaría el coche en la plaza de garaje de la calle Calamocha junto al cuartel de la Guardia Civil de Patraix.

La joven viuda declaró que su amante no le había pedido nada a cambio del crimen

Para Miguel Ferrer, abogado de la familia de la víctima, «podemos entender que estos elementos son suficientes, por ahora, para dejar claro que ella planificó el crimen, pero esperemos que Salvador recapacite en la cárcel y entienda que él también fue engañado». La viuda declaró a la policía que su marido era un hombre celoso, violento y posesivo, porque no quería que ella saliera con sus amigas, pero «las investigaciones policiales ponen de manifiesto que todo esto es mentira», asegura Ferrer.

Maje mentía y manipulaba con facilidad a sus amantes, amigas y compañeros de trabajo. Las intervenciones de los tres teléfonos de la pareja permitieron a la policía descubrir la doble vida de la viuda. Cuando recibía algunas llamadas de amistades o familiares contestaba de forma compungida y desconsolada, para acto seguido mostrar su alegría en otra conversación con su mejor amiga. A esta última joven llegó a confesarle que la muerte de Antonio había sido «una liberación» para ella.

Según el sumario, la viuda aseguró en numerosas ocasiones que quería vivir la vida con «mucha fiesta», reconoció que mentía a su marido para mantener relaciones sexuales con otros dos hombres, y presumió de que su esposo no quería separarse y le perdonaba las infidelidades, una de ellas poco antes de la boda. Además, ella comentaba que saldría muy perjudicada económicamente si se divorciaba, según la transcripción de las grabaciones telefónicas. Otras conversaciones versan sobre sus relaciones sexuales con un agente de la Guardia Urbana en un viaje que realizó a Cataluña.

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Maje también habla por teléfono con un amiga sobre un publicista que conoció en una noche de fiesta tres meses antes del crimen. Este hombre era su nueva pareja cuando la joven fue detenida el pasado 10 de enero. La noche anterior había dormido en su casa en el paseo de la Alameda en Valencia. A Salva y al policía de Barcelona les ocultó esta relación. Su marido tampoco sabía nada. Ella le decía que trabajaba por las noches en el hospital para poder dormir con el publicista. La joven mentía muy bien y tenía algunos detalles con su esposo, como dejarle la cena preparada y cocinarle una empanadilla con todo su amor, según un mensaje de WhatsApp que le envió poco antes del asesinato.

El sumario desvela que la esposa de la víctima aprovechó el amor de uno de sus amantes para su plan criminal

La intervención del número de teléfono de la viuda también desveló que había recibido dos mensajes de un hombre residente en Sagunto con antecedentes delictivos. Esto hizo pensar a la policía en la posibilidad de que Maje hubiera contactado con un sicario, aunque esta línea de investigación se descartó poco después.

Pasaban los días y las escuchas telefónicas no ayudaban a avanzar en las investigaciones, pero Salva llamó a la viuda para pedirle explicaciones al descubrir la existencia de otro hombre en la vida de su querida. El enfermero ahora sabía que formaba parte de un triángulo amoroso. Estaba celoso porque se había enterado de que Maje iba a viajar a Italia con José, pero seguía enamorado de su compañera de trabajo, y por eso le avisó de que la policía la estaba investigando. Salva dijo que lo sabía porque había hablado con un amigo policía. «¡Dios, Salva! No hagas locuras, ¿eh?», contestó la joven tras creer que los celos podrían empujarle a confesar el asesinato, según la interpretación que hace la policía de la conversación grabada.

Días después, el Grupo de Homicidios averiguó que la viuda utilizaba otro móvil que le había dado Salva ante la sospecha de que sus comunicaciones eran escuchadas, por lo que la policía solicitó también la intervención de este teléfono y se enteró de que la pareja había quedado el 2 de enero para hablar en una cafetería cercana a una residencia geriátrica de Torrent, donde la joven trabajaba algunos días. Los investigadores lograron grabar parte de esta conversación en la que los sospechosos preparaban sus declaraciones en el caso de que la policía los detuviera por el crimen, como sucedió ocho días después.

Doble confesión

Salva y Maje confesaron ante la policía la planificación del asesinato tras las restricción autorizada por el juez de algunos de sus derechos. Así, la pareja no pudo designar a un abogado de su confianza ni entrevistarse de forma reservada con sus letradas del turno de oficio. La viuda declaró que Salva le dijo que haría cualquier cosa por ella cuando hablaban de cómo iba a matar a Antonio en el garaje de Patraix. Maje también afirmó que su amante estaba obsesionado con protegerla e incluso acudía al domicilio de ella cuando discutía con su marido.

Cinco horas después de cometer el crimen, Salva acudió a la casa de la hermana de la viuda en la avenida de Blasco Ibáñez de Valencia y le dijo a Maje que ya había asesinado a Antonio. Los posicionamientos de sus teléfonos móviles corroboraron posteriormente este breve encuentro. La viuda aseguró a la policía que su amante no le pidió nada «a cambio del favor que le había hecho», aunque reconoció que de manera muy esporádica «mantenían sexo oral», porque a ella no le atraía físicamente.

Según declaró Maje, Salva pensaba que podría formar una familia con ella después de cometer crimen y separarse de su mujer, supervisora de enfermería en el mismo hospital donde trabajaban los dos detenidos, pero la joven le aconsejó que no dejara a su esposa, porque ella ya se había enamorado del publicista y se iban a comprar una casa juntos.

El enfermero confesó que asesinó a Antonio con un cuchillo cebollero que había comprado en una ferretería de la calle Lérida de Valencia, pero dio vagas explicaciones cuando le preguntaron el motivo. Salva aseguró que no tenía ninguna inquina contra la víctima y que pensó que matar al ingeniero sería bueno para Maje, porque su familia no llevaría bien el divorcio. También manifestó que quería mucho a su compañera de trabajo.

Cuando fue detenido el 10 de enero en el Hospital de Manises, el enfermero llevaba en su mochila varias cartas de amor que los amantes se enviaron durante su relación. Algunas de ellas fueron escritas poco meses antes de que la joven se casara con Antonio en Novelda. En una de las misivas, Maje pide disculpas a Salva porque su matrimonio supone «un proceso traumático para los dos», pero dice que la boda era algo que ella tenía que vivir «como experiencia». Aunque la mochila se quedó en el servicio de urgencias del hospital, la mujer del asesino entregó las cartas a la policía al día siguiente.

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