«Si sube alguien aquí la mato»

Despliegue de guardias civiles y policías, ayer por la tarde, poco después del arresto del sospechoso en la calle Vendimia de Requena. / damián torres
Despliegue de guardias civiles y policías, ayer por la tarde, poco después del arresto del sospechoso en la calle Vendimia de Requena. / damián torres

Un guardia vestido de médico reduce a un maltratador que se atrincheró armado en casa de su expareja | El agresor, que ya fue detenido hace dos meses por quebrantar un alejamiento, se quitó la pulsera de alarma e irrumpió en el domicilio de la víctima en Requena

J. A. MARRAHÍJAVIER MARTÍNEZ

Una brillante estrategia de la Guardia Civil evitó ayer lo que podía haber sido una nueva tragedia relacionada con la violencia machista. Un agente disfrazado de médico entró en la casa donde un hombre de 32 años tenía retenida a su expareja, a la que amenazaba con matar con un cuchillo. Tras lograr convencerlo de que la víctima recibiera asistencia sanitaria, un teniente de la Guardia Civil de Requena se colocó la bata blanca y, de este modo, fue el primero en reducir al presunto maltratador con el apoyo casi simultáneo de otros compañeros.

Para comprender lo ocurrido ayer hay que remontarse a noviembre de 2016, fecha en la que se conocieron la víctima, Verónica, una encargada de un supermercado de unos 30 años, y su agresor, Alberto P., de 32. Después de un periodo de relación sentimental y sin hijos de por medio, la convivencia entre ambos comenzó a deteriorarse y ella decidió romper. Además, se sumaron los problemas de adicción a las drogas del sospechoso.

Verónica acabó denunciándolo por unas presuntas amenazas y acoso, puesto que el hombre no respetó su libertad, según fuentes próximas a la investigación. Al parecer, empezó a seguirla pese a la voluntad de la víctima de rehacer su vida. Y fue así como Alberto acabó con una orden judicial de alejamiento respecto a la víctima.

Pero no hizo ni caso al dictamen judicial. Según fuentes policiales, el pasado 22 de noviembre se acercó de nuevo a ella y fue detenido por la Guardia Civil por ese presunto quebrantamiento de medida cautelar. En concreto, se presentó en el establecimiento comercial de Requena en el que la víctima trabaja e incluso dio un puñetazo a un guardia civil que intervino en ese momento. Vista su peligrosidad y rebeldía, se acordó un alejamiento, ya no sólo de la víctima, sino de Requena. Desterrado. Además, a principios de diciembre se le instaló una pulsera de seguridad para tratar de proteger aún más la integridad de Verónica.

Pero ni con esas. Según las mismas fuentes, a primera hora de la mañana de ayer el hombre se dirigió a la casa de Verónica en la localidad, se quitó el dispositivo de seguridad y la alarma saltó. Pero no hubo tiempo de reacción. Además, como describen fuentes de la Guardia Civil, «una vez en la vivienda lanzó por la ventana los medios técnicos de la protección de la víctima».

Cuchillo en mano

Así, Alberto pasó del nuevo quebrantamiento a un secuestro machista puro y duro. Entró por la fuerza. Cuchillo en mano, de 25 centímetros de hoja. Con su expareja amenazada y aterrorizada en su propio hogar mientras lanzaba, inundado de ira, toda suerte de objetos a la calle.

Eso es lo que los vecinos presenciaron sobre las 10.30 horas, mientras una residente de la finca avisaba a la policía al escuchar las amenazas que estaba recibiendo la víctima y sus gritos desesperados. «Llevaba puesta una camiseta y llegó a sacar el cuchillo por la ventana», describió uno de los testigos.

Cuando los primeros agentes de la Policía Local llegaron al lugar, la lluvia de objetos persistía. Los vecinos contabilizaron «una tableta, dos ventanales desencajados, un jarrón con flores y muebles» entre los enseres de Verónica que volaron y acabaron hechos trizas en la calle. También destrozaron la luna delantera de un coche aparcado bajo la casa.

La mujer había denunciado hace unos meses al hombre por amenazas y acoso

Los primeros agentes obligaron a Alberto a deponer su actitud, pero ni abría la puerta ni se entregaba. Es más, sólo quería que se marcharan guardias y policías, contra los que profirió insultos y amenazas de muerte. «Os voy a matar a todos. Largaos. Si no os vais os mato...», clamó el agresor. También lanzó esta advertencia, según un vecino: «Si oigo por las escaleras algún ruido o sube alguien aquí la mato».

Su absurda visión de la realidad le llevó a pronunciar esta frase a través de la ventana: «Yo no he hecho nada malo, sólo he venido a hablar con ella». Mientras, Verónica sufría una fuerte crisis de ansiedad en la vivienda y sus súplicas al maltratador no tenían efecto alguno.

En esta complicada tesitura, la Guardia Civil activó un amplio dispositivo para proteger a la víctima con la mayor urgencia posible. Un negociador de la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia, miembro de Policía Judicial, se desplazó a Requena para tomar las riendas del asunto. También lo hicieron efectivos del Grupo Rural de Seguridad (GRS), agentes formados en asalto.

Durante varias horas analizaron palmo a palmo la estructura de la casa y de la finca. Y aprovecharon el estado de nervios de la víctima para desplegar una hábil estrategia. El guardia negociador, de paisano, ofreció a Alberto la posibilidad de dejar pasar únicamente a un médico para auxiliar a Verónica. Y accedió.

Fue un teniente de la Guardia Civil de Requena el que asumió esta complicada función. Disfrazado con la bata blanca se presentó en la casa, eso sí, apoyado muy de cerca por media docena de agentes del GRS, mientras otros tantos se desplegaban por otras zonas. El sospechoso abrió la puerta y se lanzaron sobre él. Casi de manera simultánea, otro agente protegió a la víctima en la estancia en la que permanecía.

De este modo, ya al filo de las dos de la tarde, la operación policial concluyó con éxito y sin lesionados. Eso sí, Verónica estaba muy alterada y requirió asistencia sanitaria por una crisis de ansiedad. Fue atendida en una ambulancia, pero sin necesidad de traslado al hospital, como confirmaron fuentes de Sanidad.

El maltratador acabó detenido por detención ilegal, daños, amenazas, allanamiento de morada y quebrantamiento de medida cautelar. Fue trasladado al hospital escoltado por ocho agentes y, posteriormente, al cuartel de la Guardia Civil de Requena. Allí no quiso responder al interrogatorio y se acogió a su derecho a declarar ante el juez.

Alberto, que vivía en Requena antes de trasladarse a Valencia, había estado ingresado hasta antes de Navidad en un centro privado catalán de desintoxicación. Al parecer, sufría una adicción .

Verónica, originaria de Requena, fue definida por sus vecinos como «simpática y trabajadora». La calificaron como una mujer «independiente, servicial y amable» que vive junto con su pequeño perro en la casa donde ocurrieron los hechos. «No se merece lo que está sufriendo, ninguna mujer se merece algo así», concluyó indignada una vecina de la zona.

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