Los posicionamientos de los móviles incriminan a la pareja

J. MARTÍNEZ VALENCIA.

La tecnología para determinar los posicionamientos de dos teléfonos móviles fue el mejor aliado, una vez más, de la investigación policial que demuestra la presunta participación y planificación de dos personas en un asesinato. Los agentes del Grupo de Homicidios lograron constatar que Salvador R. se reunió con Maje M. en la casa de la hermana de la viuda poco después del crimen de Patraix.

«Ya está hecho», dijo Salvador en una corta conversación que mantuvo con su amante, según consta en el sumario, cuando ella terminó su jornada en el hospital privado donde trabajaba con el asesino confeso y la esposa de este. La joven recriminó entonces a Salvador su acción criminal, pero no le delató por miedo, según su declaración en el juzgado, y se trasladó a su casa para fingir un encuentro casual con los policías que estaban cerca del cadáver en la calle Calamocha del barrio de Patraix. Eran las 15.30 horas del 16 de agosto. Poco después, Maje derramó las primeras lágrimas cuando le confirmaron algo que ya sabía: su marido había sido asesinado.

Cuando confesó el crimen, Salvador también le dijo a la policía que había arrojado su ropa manchada de sangre a un contenedor. Tras el acuchillamiento, el asesino se duchó en un trastero antes de ir a ver a su amante para confirmarle que había matado a puñaladas a Antonio.

Luego la pareja dejó de verse varias semanas y en octubre retomaron su relación. El día del cumpleaños de la viuda, Salvador le envió un mensaje de WhatsApp para felicitarla, pero ella no le contestó. Maje ya mantenía una relación sentimental con otro hombre. Pasaron los días y se confiaron. Al principio pensaban que la policía podría centrar las investigación en un robo, pero se equivocaron. El Grupo de Homicidios ya sospechaba de la viuda porque descubrieron que les había mentido sobre su vida matrimonial.

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