La policía rastrea con perros y un helicóptero la zona donde raptaron a la joven valenciana

Raquel Garrido muestra una foto familiar en la que aparecen su hermana y su madre. / efe

Varias líneas de investigación siguen abiertas tras un secuestro atípico en el que los captores no han pedido ningún rescate todavía

J. MARTÍNEZ/M. GARCÍA VALENCIA/MASSALAVÉS.

Las hojas del calendario pasan muy lentas en el domicilio de Rosa Santamans. Desde el 2 de julio, el día que secuestraron a su hija Pilar, en la casa se respira un ambiente de tensa calma. Cualquier llamada telefónica o mensaje les hace dar un pequeño respingo, tanto a la madre como a la hermana de la joven valenciana raptada en México. «Vivimos pendientes del teléfono. Mantenemos la esperanza de recibir buenas noticias pero por el momento no podemos hacer nada», afirma Rosa con el rostro cariacontecido. Su hija Raquel, que se ha convertido en la portavoz familiar desde su vivienda en Massalavés, asiente con la cabeza mientras intenta ocultar su cansancio por la tensión acumulada.

Un detalle que muestra el buen ánimo y el moderado optimismo es que la familia ha decidido no cancelar el vuelo de regreso a España que Pilar, junto a su marido y su bebé, tenía previsto realizar la próxima semana. «Esperemos que aparezca pronto», añade Raquel, quien mantiene la serenidad y se muestra esperanzada en que todo se resuelva con celeridad. La hermana de la mujer desaparecida mide sus palabras para no entorpecer las investigaciones. Madre e hija han adaptado incluso su angustia al horario mexicano. Tratan de mantenerse despiertas durante la noche en España para estar en alerta de día en el país azteca. «Dormimos o intentamos descansar un poco durante el día», explica Raquel. A su lado, su madre mira con tristeza algunas fotos de Pilar con su bebé.

Pese a que mantienen la esperanza, la familia reconoce que su preocupación aumenta conforme pasan los días. La Fiscalía de México ha realizado diversos operativos de búsqueda en Tamaulipas, la región donde secuestraron a la periodista valenciana de 34 años. Decenas de policías federales y de la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas han participado en las labores de rastreo, con el apoyo de perros adiestrados y un helicóptero, sin que hasta el momento se haya encontrado alguna pista o rastro de la víctima o de sus captores.

Las investigaciones policiales continúan con varias hipótesis mientras la familia de la víctima espera respuestas. La región donde tuvo lugar el secuestro está marcada por la violencia entre varios grupos criminales, principalmente los cárteles del Golfo y los Zetas, y los enfrentamientos de estas peligrosas bandas de delincuentes con las fuerzas de seguridad de México.

Sin embargo, el rapto de Pilar es un caso atípico al no haber pedido ningún rescate los tres individuos que perpetraron el secuestro con dos armas de fuego cortas. El marido de la víctima está colaborando con la policía y ha participado también en los operativos de búsqueda de su esposa. «Jorge está destrozado. Hemos hablado varias veces con él por teléfono y sabemos que está haciendo todo lo que puede para encontrar a mi hermana», asegura Raquel. «Acudió a la oficina del Gobernador para pedir que no dejen de buscarla», agrega.

Según la denuncia que presentó el marido de Pilar, uno de los tres asaltantes le apuntó con una pistola y le hizo indicaciones para que detuviera su vehículo cuando circulaba por una carretera secundaria del estado de Tamaulipas. Jorge F. vio las amenazas a través de su espejo retrovisor y decidió parar porque temía que abrieran fuego contra la parte trasera de su coche, donde viajaba su bebé. La policía sospecha que los hombres armados pretendían robar el automóvil de las víctimas, y por eso les dijeron que bajaran del vehículo, pero Pilar les rogó que no lo hicieran porque su bebé estaba dentro del coche. Y entonces, uno de los individuos gritó: «¡Nos llevamos a la vieja!», según el testimonio de Jorge.

Tras meter a Pilar a empujones dentro del vehículo, los asaltantes huyeron. El marido de la víctima explicó a la policía que intentó impedir el secuestro, pero desistió porque le pusieron una pistola en el pecho. Según su versión, su mujer llevaba el móvil en la mano cuando la raptaron, aunque el teléfono dejó de funcionar una hora después. Jorge, que también portaba su móvil en el momento del secuestro, no llamó a la policía porque los raptores amenazaron con matar a su mujer. Antes de marcharse con la víctima en el coche, uno de los raptores le ordenó que apagara el teléfono y le dijo también que recibiría una llamada al día siguiente.

Varias horas después, el hombre denunció el secuestro y desde entonces no ha recibido ninguna llamada ni petición de rescate. Raquel insiste en la colaboración ciudadana y recuerda que cualquier residente en México que tenga información sobre la desaparición de su hermana puede llamar al número de teléfono 088 de la Policía Federal.

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