La policía recurrirá al ADN para saber si el joven de Madrid es el desaparecido italiano de 2011

El chico desaparecido desde 2011./SOS Desaparecidos
El chico desaparecido desde 2011. / SOS Desaparecidos

La madre de Marcello Volpe no se atreve a identificarlo como su hijo al 100% debido al tiempo transcurrido

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Dicen los agentes de la Policía Nacional que el joven que creen que es Marcello Volpe parecía un «niño desvalido» cuando lo encontraron en la tarde del jueves deambulado sin rumbo por las calles la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, a una veintena de kilómetros de la capital.. Totalmente desorientado, descalzo y desaliñado, este chaval que ahora –si es realmente Volpe- está a punto de cumplir los 26 años, no logró articular una sola palabra. Apenas fue capaz de comunicarse con gestos con los agentes. No es que no hablara castellano, dicen. Es que no hablaba ninguna lengua. Solo balbuceaba como un niño. Una prueba de ADN revelará si efectivamente es Volpe, porque la madre del desaparecido, tras verlo ayer cara a cara, no lo identificó al 100% debido a su aspecto tan cambiado después de seis años.

Los patrulleros nunca le habían visto por la zona a ese joven. Los funcionarios que trabajan en Torrejón se jactan de conocer bien a cada uno de los vagabundos que se mueven por ese municipio y los polígonos industriales del Corredor del Henares y a este chico no lo habían visto en su vida.

Por supuesto, el misterioso chaval no llevaba documentación encima y los policías decidieron trasladarle a comisaría. Allí, comenzaron a establecer un leve hilo de comunicación con el joven, a base de gestos, dibujos y algunos retazos de escritura. Pero ni un solo dato que diera una pista de quién era. Las consultas a las asociaciones españolas de desaparecidos fueron negativas. Nadie correspondía a esas características.

Los agentes empezaron entonces con la búsqueda internacional en la extensísima base de datos de señalamientos ‘amarillos’ de desaparecidos de Interpol. Y así, sin ningún tipo de pista, llegaron a la foto de un joven italiano que había desaparecido en Palermo la mañana del 12 de julio de 2011, justo en la víspera de su 20 cumpleaños.

Podía ser el mismo, pero era difícil saberlo después de tantos años. Los agentes se pusieron en contacto con la madre de aquel desaparecido, Marcello Volpe. Al otro lado del teléfono Laura Zarcone no podía creer las noticias que llegaban desde Madrid. No quiso esperanzarse. Ya había habido falsos avistamiento de su hijo en abril de 2013 cuando dijeron haberle visto en París o en septiembre del año pasado cuando los testigos le situaron en la localidad italiana de Forlí.

Pero Zarcone se quedó sin palabras cuando abrió el mail que le remitieron los policías españoles con la foto del chaval encontrado en Torrejón. Esta vez sí que parecía él. Avejentado, pero él. Una vieja cicatriz en su muñeca derecha alimentó su esperanza. La madre aterrizó a primera hora de la tarde de ayer en Barajas y solo minutos después se encontró con el joven. Pero tuvo dudas. Según explicaron fuentes del caso, Zarcone no se atrevió a identificarle al 100%, por el tiempo transcurrido. Los policías apuntan a la posibilidad de que las dudas de la mujer se deban al shock. En cualquier caso, una prueba de ADN, que tardará unas horas, resolverá el asunto.

En el caso de que sea efectivamente Volpe, ahora –explican los operativos- hay que comenzar a trabajar. Hasta el momento no hay un solo dato sobre qué ha hecho, dónde y con quién ha estado durante estos seis años el joven. Y Marcello, al que su familia siempre lo definió como un chaval “frágil” y que aparentaba menos edad de la que tenía, sigue sin comunicarse de forma coherente, aparentemente ajeno a todo lo que ha pasado. “Es como si lo hubieran abducido todo este tiempo”, resumen los policías.

La mañana de su desaparición Volpe salió de casa sin documentación y con 500 euros, todos sus ahorros. En un principio su familia creyó que el dinero era para comprarse un capricho por su cumpleaños.

Durante los seis últimos años la Squadra Mobile di Palermo, que se hizo cargo de la investigación, no ha tenido una sola pista fiable sobre su paradero. Los investigadores ni tan siquiera pudieron aclarar si su desaparición había sido voluntaria, forzada o fruto de algún tipo de desorden mental. Marcello, aparentemente, no tenía motivos para huir y nunca había protagonizado un episodio similar. La familia siempre ha mantenido que la huida no fue voluntaria y luchó siempre para que el caso no fuera archivado por la justicia italiana.

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