«Parece un mal sueño que quisieran tirarme ácido»

La terraza donde arrojaron el ácido sulfúrico a la víctima. /  TONI BLASCO
La terraza donde arrojaron el ácido sulfúrico a la víctima. / TONI BLASCO

El joven al que una mujer celosa pretendía quemar la cara se enteró por la policía del plan urdido para destrozar su vida El agresor confundió a la víctima con otro hombre y le desfiguró la cara al arrojarle el líquido corrosivo en la terraza de un pub de Valencia

JAVIER MARTÍNEZ VALENCIA.

Una mujer quería desfigurar la cara a Martín V. con ácido sulfúrico, pero el hombre al que pagó 2.000 euros para que le arrojara el líquido corrosivo se equivocó de víctima y destrozó la vida de otra persona. Esta cruel historia ocurrida en Valencia en el verano de 2014 obligó a Juan Pablo G. a usar una máscara facial tras perder el ojo izquierdo y sufrir quemaduras muy graves.

Tres años y medio después, el hombre que se libró de la brutal agresión continúa sin entender por qué una mujer celosa quería hacerle tanto daño. «Parece un mal sueño que quisieran tirarme ácido. Soy consciente de que tuve mucha suerte, porque yo podría ser la víctima», afirmó Martín con resignación.

«Al principio creía que la policía se había equivocado, pero después de dos sentencias no sé qué decir. Todo esto es muy absurdo. Yo no tuve ningún rollo con Verónica. Solo somos amigos y no había ningún motivo para los celos y esa agresión con ácido», añadió el joven. Como ya informó LAS PROVINCIAS, una sentencia del Tribunal Supremo ha confirmado esta semana que el móvil de la agresión fue pasional, ya que Ana E. L. -condenada a 12 años de cárcel como inductora- estaba enamorada de Verónica, aunque sus sentimientos no eran correspondidos por esta mujer.

La inductora sigue en libertad pero ingresará en la cárcel en los próximos días al no prosperar su recurso

La investigación del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional reveló que Ana pagó 2.000 euros al exboxeador Julio Alberto B. para que arrojara ácido sulfúrico a Martín, porque creía que este hombre mantenía una relación sentimental con la joven que ella deseaba. «Entre Verónica y yo solo hubo amistad y por eso me cuesta creer lo que pasó», insistió Martín.

Según las investigaciones, la joven condenada mintió al exboxeador en su gimnasio de Silla. La mujer le dijo que su intención era contratar a unas personas para «destrozar la vida» del hombre que le había violado. Bársena aceptó el encargo criminal y contactó con Alberto José D. y José Ramón N. para que le ayudaran.

Ana facilitó al exboxeador una foto de Martín, la dirección de la oficina donde trabajaba en El Puig y la fecha de un concierto en un pub de la plaza del Cedro al que iba a acudir este joven con sus amigos.

Pero el agresor se equivocó de víctima. El 18 de julio de 2014, Bársena se acercó a tres amigos que estaban en la terraza de un pub. Tras confundir a uno de ellos con Martín, el exboxeador sacó un vaso con ácido sulfúrico que llevaba en una mochila, arrojó el contenido a Juan Pablo G. y huyó en un coche que conducía otro de los condenados.

La víctima, un joven licenciado en Física de Partículas, estaba haciendo el doctorado en Valencia y había recibido una oferta para trabajar en Francia, pero esta oportunidad laboral quedó truncada por la brutal agresión. Juan Pablo sufrió quemaduras muy graves en su cara y la ablación del ojo izquierdo con la pérdida total de visión del mismo, así como una importante deficiencia visual del otro ojo.

Sus cicatrices le obligaron a llevar una máscara facial durante un tiempo tras los injertos de piel que le realizaron para reconstruirle la cara. Según la sentencia del Supremo, estas graves secuelas afectaron a su salud psíquica y determinaron una discapacidad importante con «una incapacidad permanente parcial para su trabajo habitual».

El alto tribunal ha confirmado esta semana la condena de 12 años de cárcel que la Audiencia Provincial de Valencia impuso a la inductora y al autor de la brutal agresión ocurrida en 2014. Ella sigue en libertad mientras su abogado prepara un recurso ante el Tribunal Constitucional, pero deberá ingresar en la cárcel en los próximos días.

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