Los posicionamientos de los móviles incriminan a la viuda de Patraix y su amante

El asesino confeso con la cabeza tapada, ayer, y varios policías salen de la casa de campo de Ribarroja donde estaba el cuchillo. / j. monzó
El asesino confeso con la cabeza tapada, ayer, y varios policías salen de la casa de campo de Ribarroja donde estaba el cuchillo. / j. monzó

Los investigadores grabaron en una cafetería de Torrent cómo la joven y su compañero de trabajo preparaban sus declaraciones en el caso de que los interrogaran por separado

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

La policía encontró ayer en una fosa séptica de Ribarroja el cuchillo utilizado en el asesinato del ingeniero de Novelda Antonio Navarro Cerdán. El autor de crimen, Salvador R. P., de 47 años, llevó a los investigadores hasta una casa de campo de su propiedad para indicarles el lugar exacto donde se deshizo del arma. Los agentes del Grupo de Homicidios y de la Unidad de Subsuelo participaron en el operativo para buscar el cuchillo cebollero con el que Salvador asestó ocho puñaladas a la víctima.

El pozo ciego estaba tapado con hormigón y dos capas de graba y arena, por lo que los policías utilizaron una pala para retirar los materiales que cubría el depósito y luego hicieron la abertura más grande con un pico. Tras casi tres horas de labores propias de un albañil, los agentes lograron extraer el arma con un artilugio que elaboraron con imanes y un gancho. El cuchillo se encontraba dentro de una bolsa de plástico.

El asesino confeso, que acudió a su casa de campo en compañía de su abogada, derramó alguna lágrima mientras uno de los policías golpeaba el hormigón con el pico y se derrumbó emocionalmente cuando el agente sacó el arma. Era la última prueba que faltaba para cerrar su incriminación y la segunda vez que buscaban el cuchillo en la casa. La Policía Científica tratará ahora de encontrar ADN del asesino o restos de sangre de la víctima en el arma que Salvador lavó con agua y jabón. Como ya informó LAS PROVINCIAS, el detenido colaboró con la policía y confesó el crimen. «Lo decidí yo solo y lo ejecuté», contestó con aparente tranquilidad cuando el juez le preguntó si había planificado el crimen con la viuda de la víctima, María Jesús M. C., de 27 años, que también fue arrestada y encarcelada.

Salvador manifestó que Maje, como llaman a la joven detenida sus amigos y familiares, le dio en marzo una llave del garaje donde cometió el asesinato, aunque explicó que lo hizo para que pudiera estacionar su coche los días que comía en casa de su amiga (cuando Antonio se ausentaba debido a su larga jornada laboral como ingeniero), ya que en Patraix es muy complicado aparcar.

Sin embargo, las investigaciones del Grupo de Homicidios probaron la presunta planificación del crimen de los dos detenidos. Cuando la policía ya había conseguido varias pruebas que incriminaban a Salvador y Maje, las intervenciones de sus comunicaciones desvelaron que habían quedado en el centro comercial Las Américas en Torrent para hablar del crimen.

Grabación en una cafetería

La viuda y el asesino confeso hablaron sobre lo que dirían a la policía estaba a punto de resolver el asesinato de su marido, que fue perpetrado el 16 de agosto en un garaje del barrio valenciano de Patraix. Salvador trató de tranquilizarla en una cafetería. La policía logró grabar parte de esta conversación en la que los sospechosos preparaban sus declaraciones en el caso de que los interrogaran o detuvieran por el crimen, como sucedió poco después.

La viuda y el asesino confeso hablaron sobre lo que dirían a la policía para explicar el motivo de que ella le hubiese facilitado la llave del garaje. Así habrían acordado el pretexto de facilitar que Salvador aparcara su coche en la calle Calamocha, donde tuvo lugar el acuchillamiento mortal, los días que comían juntos en la casa de Maje. La transcripción figura en el sumario. Días después, los agentes del Grupo de Homicidios detuvieron a la pareja por el asesinato.

La tecnología para determinar los posicionamientos de los teléfonos móviles fue el mejor aliado, una vez más, de la investigación policial que demuestra la presunta participación y planificación de dos personas en un asesinato. Los agentes del Grupo de Homicidios lograron constatar que Salvador R. se reunió con Maje M. en la casa de la hermana de la viuda horas después de cometer el crimen.

«Ya está hecho», dijo Salvador en una corta conversación que mantuvo con su amante, según consta en el sumario, cuando ella terminó su jornada en el hospital privado donde trabajaba con el asesino confeso y la esposa de este. La joven recriminó entonces a Salvador su acción criminal, pero no le delató por miedo, según su declaración en el juzgado, y se trasladó a su casa para fingir un encuentro casual con los policías que estaban cerca del cadáver en la calle Calamocha del barrio de Patraix. Eran las 15.30 horas del 16 de agosto. Poco después, Maje derramó las primeras lágrimas cuando le confirmaron algo que ya sabía: su marido había sido asesinado.

Cuando confesó el crimen, Salvador también le dijo a la policía que había arrojado su ropa manchada de sangre a un contenedor. Tras el acuchillamiento, el asesino se duchó en un trastero antes de ir a ver a su amante para confirmarle que había matado a puñaladas a Antonio.

Luego la pareja dejó de verse varias semanas y en octubre retomaron su relación. El día del cumpleaños de la viuda, Salvador le envió un mensaje de WhatsApp para felicitarla, pero ella no le contestó. Maje ya mantenía una relación sentimental con otro hombre. Pasaron los días y se confiaron. Al principio pensaban que la policía podría centrar las investigación en un robo, pero se equivocaron. El Grupo de Homicidios ya sospechaba de la viuda porque descubrieron que les había mentido sobre su vida matrimonial.

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