Cuando Maje todavía era María Jesús

De niña destacaba en Plástica en el colegio de monjas y le apasionaba el festival escolar. Muchos la recuerdan «coqueta» tras el mostrador de la fontanería de su padre. Dicen que se casó con Antonio para «huir del pueblo». Así era la mujer acusada de urdir la muerte de su marido

En septiembre de 2016 se casaron Maje y Antonio; él perdonó una infidelidad de ella con un fisioterapeuta un mes antes./LP
En septiembre de 2016 se casaron Maje y Antonio; él perdonó una infidelidad de ella con un fisioterapeuta un mes antes. / LP
ARTURO CHECA y JAVIER MARTÍNEZValencia

«Madre del amor hermoso, ¿me está hablando usted de María Jesús? Yo lo que recuerdo de ella es que era una niña muy aplicada, que le encantaba la Plástica, que ganó algún concurso escolar de dibujo y que le encantaba cuando había que arreglarse y disfrazarse para el festival escolar. Una chiquita muy coqueta. ¡Ah!, y que al ir llegando al Bachiller nos dijo 'hermanas, mejor si me llaman Maje, que me gusta más que María Jesús'. Virgen santa, quién lo iba a pensar entonces...». Una de las profesoras más veteranas del colegio Santa María Magdalena de las Carmelitas de Novelda («mejor no pongas mi nombre, te lo ruego», añade) recuerda así a María Jesús M. C., hoy tristemente famosa a sus 27 años como Maje y encarcelada junto a su amante y presunto autor material de la muerte a puñaladas de su marido, el ingeniero Antonio Navarro, de 36 años y conocido en su pueblo (también Novelda) como 'el caldós', el apodo de toda la familia.

En 1990, en el seno de una familia perteneciente a una congregación religiosa y con cinco hijos (tres chicos y dos chicas, Maje era la segunda más pequeña), nació María Jesús. Antonio y María Dolores (la madre es del vecino pueblo de Monforte del Cid) sacaron adelante a los suyos con el negocio familiar, una fontanería que primero fue tienda y después se convirtió en sociedad limitada con almacén y suministro de productos de calefacción y aire acondicionado. Hoy el timón lo lleva Antonio, el hermano mayor y heredero del negocio. Por aquel mostrador, a echar una mano a sus padres, pasó Maje alguna tarde o verano. «Muy amable, muy sonriente y muy coqueta», es lo único que acierta a apuntar de ella una vecina de las afueras de Novelda, junto al local familiar.

Maje pone una mano sobre el féretro de su marido.
Maje pone una mano sobre el féretro de su marido. / Novela Digital.

En Novelda hizo Maje su pandilla de amigas de toda la vida. Rocío es su mejor amiga. La conoce de niña, con ella va a campamentos religiosos de verano y a su lado está también en Barcelona, donde refuerza sus estudios de Enfermería. Ella es su confesora, con la que hablará luego de sus noches locas con el guardia urbano al que conoció en Cataluña o con el publicista de Valencia con el que estaba cuando Antonio fue letalmente asaltado.

Manipuladora, muy inteligente y organizada

«Es una persona acostumbrada a mentir con suma facilidad y a manipular a los demás». La frase textual extraída de las diligencias policiales describe la personalidad que los agentes del grupo de Homicidios trazan de Maje tras meses de investigación, escuchas telefónicas e interrogatorios a la joven. No es el único dictamen sobre la psicología de la mujer acusada del asesinato de su esposo. Forenses que la han examinado tras su ingreso ya en prisión diseccionan una personalidad extremadamente organizada y con una elevada inteligencia. María Jesús desprende «seguridad y gran capacidad de organización», como evidencia su habilidad para tener tres relaciones al mismo tiempo (su marido, el celador Salva y Jose, un publicista al que conoció en una discoteca de Valencia) sin que ningún afectado rompiese la baraja.

Las conversaciones telefónicas y la primera declaración de Maje reconociendo su implicación son las losas acusatorias que pesan sobre ella. Para levantarlas, su familia ha contratado al abogado Javier Boix, catedrático de Derecho Penal y uno de los mejores penalistas de la Comunitat. Suya fue la estrategia de defensa que sirvió para absolver al procesado de un mediático juicio, el llamado 'crimen del séptimo piso', con su cliente acusado de arrojar a su pareja y matarla. El letrado sembró la duda en el jurado sobre si la mujer gritó antes de caer «¡que me tira!», lo que apuntaría a un empujón del procesado, o «¡estira'm!», en valenciano, que indicaría una muerte accidental por resbalón de ella, versión que se dio por buena.

En las redes sociales lucen algunas fotos de sus noches de fiesta con otras amigas. Algunas tan sonrojantes como una de la hoy viuda, sonriente y deslumbrante, con cuatro amigas en una discoteca de Alicante... apenas un mes después del asesinato de Antonio en su garaje de la calle Calamocha. Hoy, sus íntimas reniegan de ella. Ni Rocío quiere hablar. «Nosotras no sabíamos absolutamente nada de la segunda vida que llevaba Maje, y no puedo darte ninguna información de interés público. Así que me gustaría que dejaras de molestar», es la única declaración que hace una de sus conocidas.

Una vía de escape

El destino unió a Antonio y María Jesús a través de un hermano de ella. Víctor, el segundo de la casa, estudió Arquitectura en la Universidad de Alicante. Allí cursó también su ingeniería el hoy fallecido. De frecuentar la casa familiar, Antonio acabó echándole el ojo a Maje, y sus caminos se unieron en 2011 a pesar de los nueve años de diferencia de edad: él, 30; 21, ella. «A Maje nunca le ha gustado el pueblo, se sentía prisionera. Vio en Antonio un chaval maduro que podía tirar su vida hacia delante, alguien que estudió en Alicante y no volvió a vivir seguido en Novelda, trabajando en Huesca, Zaragoza, Requena... Eso le atrajo de él. ¿Enamorada ella? Puf... no sabría decirte, él mucho», describe un familiar del hoy fallecido. María Jesús fue su primera novia. Y la única.

«Nosotras no sabíamos absolutamente nada de la segunda vida que llevaba», dice una amiga

Una prueba de la escasa querencia de Maje por su pueblo es que, una vez ya casados, la mayoría de visitas las hacía Antonio en solitario. Ella se quedaba en Valencia, también forzada por el hecho de que tres fines de semana al mes trabajaba en su turno de noche de enfermera en el Hospital Casa de la Salud. Allí estaba Salvador R., de 47 años, el hombre preso y acusado de ser el autor material del asesinato, amante de Maje. Un celador que llevaba «toda la vida en el centro», como su esposa, Inma, jefa de la cuarta planta del centro médico y «hundida desde que ocurrió. Lleva de baja todo este tiempo», apunta una sanitaria de la Salud. «¿Cómo ha podido hacerles esto?», se pregunta la facultativa sobre Salva, un hombre que unas semanas antes estaba de vacaciones en una caravana con su familia, su esposa y su hija universitaria, en Castellón. Un celador «encantador» que cada año hacía de Rey Mago en el centro para los niños enfermos. La última, de Gaspar, apenas una semana antes de que la Policía Nacional lo apresara en la cafetería del Hospital de Manises.

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Seductora, ambiciosa, capaz de engatusar a cualquiera... Algunas de las armas de Maje salieron a relucir en 2014. En aquella fecha le pidió a Antonio 80.000 euros para reformar la casa de los abuelos de ella en la calle Mayor de Novelda. Él estaba decidido a dárselos, pero su familia le convenció para no hacerlo. O al menos, no sin más. Antonio pidió a Maje que escrituraran a mitad la vivienda, por la elevada cuantía del préstamo. Ella se negó y la relación se truncó.

Sentía celos porque su marido compartía con una compañera la suscripción a Netflix

Por poco tiempo. Maje se sentía incómoda en Novelda. Tenía que volar. La relación se fue retomando. Primero como amigos, visitó varios fines de semana a Antonio en sus destinos como ingeniero en Alicante, Teruel y Zaragoza. Al final a él le salió un buen destino en Ferrovial como ingeniero en la base de mantenimiento de carreteras de El Rebollar. 1.700 euros de sueldo más dietas, coche de empresa, comidas... Maje consiguió también empleo en Valencia. Una residencia de ancianos regida por una orden de religiosas en Torrent y en la Salud. Pluriempleada para reunir unos 28.000 euros brutos anuales. Comenzaron a vivir juntos en un piso compartiendo gastos. El roce hace el cariño. Y la relación se retomó ya camino del altar con la compra del piso en la calle Calamocha. Maje puso unos 15.000 euros. Él, casi el 80% del precio.

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La cosa entre ambos nunca fue fácil. Un mes antes de la boda, una relación de María Jesús con un fisioterapeuta casi da al traste con el enlace. Antonio perdonó. Ella también hacía gala de un carácter posesivo, aunque tras su arresto pintara a su marido como controlador e incluso agresivo. Ella llegó a sentir celos por una administrativa que trabajaba con su esposo: porque ambos compartían el pago de la suscripción de Netflix y por alguna entrada para el Gran Premio de Cheste que le regaló su compañera al hoy fallecido.

De la relación de Antonio con un hermano de Maje nació la relación con final funesto. Hoy, en la misma familia de la encarcelada, un hermano asegura con contundencia pero con la boca pequeña: «Si la condenan, dejará de ser mi hermana». La justicia tiene la última palabra. Pero hoy, María Jesús ya nunca podrá dejar de ser Maje.

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