Dos jubilados sacrificados por su hijo

Dolor. Maica, hermana del parricida, abraza a unos familiares junto a la casa.
Dolor. Maica, hermana del parricida, abraza a unos familiares junto a la casa. / J. A. M. Rasgado. Daños en el buzón con los nombres del matrimonio asesinado. :: J. A. M.

El padre fue albañil y compartía con David la afición por la caza y la madre arrastraba problemas de salud Daniel y Carmen Víctimas del homicidio

T. BLASCO/M. COSTA PATERNA.

Daniel y Carmen estaban jubilados y eran padres de cuatro hijos. El hombre de 73 años había entregado su vida a la construcción. Un albañil de los de siempre hasta que llegó la hora de jubilarse y dejar el oficio. Buena persona y afable, se llevaba bien con todos vecinos. Sus ratos los empleaba en su afición favorita cuando la media veda y la veda general legalmente lo permiten, la caza, en la que le acompañaba su perra Estrella, y el propio David. Fue así como su hijo menor aprendió el manejo de la escopeta repetidora.

La mujer, Carmen B. P., de 72 años y también jubilada, estaba delicada de salud. Llevaba tiempo soportando varias enfermedades que la llevaban constantemente a ingresar en el hospital. La última vez fue apenas hace un mes. Tras realizar una limpieza a fondo en el domicilio mezcló varios componentes químicos que agravaron la enfermedad de asma que padecía.

Toda su vida había trabajado como empleada del hogar. Era una mujer secilla. «Hacía vida normal, salía a comprar. Pero arrastraba una carga grande. Su hijo David le había hecho padecer mucho y ella siempre había llevado ese peso. Y con delicada de salud», explica una vecina de su bloque. «Estaba muy castigada. Encima, los dos incendios que se produjeron en su casa...», relata. «Ella siempre disculpaba a su hijo, pero todos sospechamos que la culpa no la tuvieron los cortocircuitos». Cuando hace años las llamas malograron el piso en el que residían David y sus padres «subieron por otras viviendas del edificio a pedir ayuda para pagar la reforma y hubo gente que les echó una mano», asegura otro residente del bloque.

El segundo siniestro fue incluso peor. «La casa se quedó destrozada. Son personas que han padecido mucho, la verdad, y no se merecían que les pasara algo así, aunque se venía venir». Maica, la hermana de David, quería una vida mejor para sus progenitores: «Ellos siempre han tratado de que lo ingresaran en algún centro especial para enfermedades mentales, pero nunca lo consiguieron y antes se los ha llevado por delante». Los dos perros de la casa, Estrella y Chulo, eran sus mascotas. La alegría en medio del infierno. Los canes presenciaron el crimen y llegaron «aterrorizados» a la protectora Modepran, según describe una responsable.

Fotos

Vídeos