El futbolista del Villarreal, un hombre marcado por la prisión de su padre

Ruben Semedo, en una concentración con el Villarreal. / periódico mediterraneo
Ruben Semedo, en una concentración con el Villarreal. / periódico mediterraneo

El portugués, que tiene una hija de cinco años, adora a su madre, es un fan del reggae y pasó por el Reus antes de lucirse en el Sporting

TONI CALEROVALENCIA.

Jorge Jesus, uno de los entrenadores más prestigiosos de la vecina Portugal, definió no hace mucho a Ruben Semedo como «el futuro defensa de la selección». Semedo lo tiene, o al menos lo tenía, absolutamente todo para triunfar en el mundo del fútbol. Poderoso físicamente (1,89 metros), rápido, potente y con capacidad para el gol. Una perla de origen caboverdiano e infancia lisboeta lista para dar el salto a la élite. La pregunta, durante el verano pasado, no era si llegaría a una potente liga europea; la cuestión estaba en quién le echaría el guante. Y el Villarreal ganó la partida. La apuesta del club presidido por Fernando Roig no admitía dudas: catorce millones de euros por un futbolista de tan sólo 23 años sin demasiado vuelo entre lo más granado del fútbol continental. Una pasta por un melón sin abrir. Los problemas aparecieron pronto: Semedo, como el resto de jugadores, necesitaba instrucciones para moverse por el césped, pero también precisaba de una vigilancia especial cuando se vestía de calle. Así han sido sus siete meses desde que viste el amarillo del Villarreal: improcedentes, conflictivos y peligrosos.

La historia que precede al aterrizaje de Semedo en España arranca con una infancia dura. Su padre ingresó en prisión cuando él tenía cinco años, un golpe que el jugador del Villarreal recordaba aún mucho tiempo después, en sus primeras entrevistas como futbolista profesional. La madre de Semedo, Adelaida, se hizo cargo de la familia y en el distrito lisboeta de Amadora fue forjando su vida, también la pasión por el fútbol, el futuro central de uno de los clubes más prestigiosos de Portugal, el Sporting.

Con quince años empezó a lucir la camiseta que antes exhibieron unas cuantas estrellas: Cristiano Ronaldo, Paulo Futre, Luis Figo... Parecía un tránsito natural: a Semedo se le quedaban pequeños los partidos en las escuelas de barrios y los cazatalentos del Sporting le echaron el ojo. Lidiaban los técnicos del club lisboeta con su problemática adolescencia, pero las virtudes futbolísticas seguían siendo suficientes para Semedo hasta alcanzar el filial. Poco tiempo después, España se cruzó en su camino por primera vez: el Reus sería su destino.

«En Reus me encontré una ciudad tranquila; era importante alejarme de las malas influencias», admitió

«Era importante alejarme del ambiente en que estaba y de las malas influencias. Me encontré una ciudad tranquila en la que me trataron muy bien. Eso fue hace nada y ahora soy titular en el Sporting», admitía Semedo en 'Maisfutebol' cuando finalizó su cesión en el Reus. En Tarragona encontró el central un buen grupo de portugueses en el vestuario que facilitaron su adaptación y animaron sus días. Semedo, fanático del reggae -y de ahí su 'look' con rastas, según explica él mismo- aprovechó su tiempo en Reus pero aún viviría otra cesión en el Vitória Setubal antes de, por fin, abrazar el éxito con el Sporting.

La temporada pasada Semedo se convierte en una pieza importante de su equipo, tanto en la Liga como en la Champions, conquista su hueco en la selección sub-21 (donde coincide con los valencianistas Joao Cancelo y Gonçalo Guedes) y empieza a vislumbrar un futuro en el fútbol y muchos, muchos euros.

La pelea de los agentes

Tras concretar el fichaje de Semedo, en el Villarreal se alardeaba de haber cerrado a un central portentoso. Ni los 14 millones que se pagaron por el luso escocían entonces por la zona noble del Estadio de la Cerámica. El convencimiento con el impacto del jugador era absoluto. Semedo ya se entrenaba como futbolista del Villarreal cuando sus dos agentes, José Fouto y Catió Baldé, se pelearon de forma pública por las comisiones derivadas de la operación. El club de Vila-real nada tuvo que ver con la discusión entre José Fouto, intermediario, y Baldé, quien sigue siendo representante de Semedo. El millón y medio de euros -aproximadamente- provocó la refriega entre ambos.

Según explicó Baldé, Fouto le había ocultado el pago de esa comisión porque existía un acuerdo con el presidente del Sporting para cobrar 1,4 millones en dos plazos. «En ningún momento hubo una pelea. Sí una discusión, porque este señor no entiende que en las negociaciones entre el Sporting y el Villarreal no intervino. La negociación fue conducida por mí y por los agentes Federico Pastorello y Luca Bascherini, que somos los que llegamos al acuerdo con el Sporting por la comisión», aclaró Fouto a 'Mediterraneo'.

Visto lo visto el entorno de Ruben Semedo no parecía el más indicado y la detención de la pasada madrugada suena a porrazo definitivo. A Semedo se le acumulan los problemas y él, asegura, sólo encuentra estabilidad cuando está cerca de su hija Estela, de cinco años. En sus últimas fotografías en las redes sociales, Semedo suele estar acompañado por Estela. En esas imágenes también se recogen las visitas del futbolista del Villarreal a Cabo Verde, donde se hunden sus raíces más profundas. En las últimas semanas, coincidiendo con los violentos hechos que ha protagonizado, Semedo frenó en seco su movimiento en las redes sociales.

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