La familia del joven apuñalado por su hermano en Alicante: «Siempre estarás ahí con tu eterna sonrisa»

El adolescente de 14 años detenido por la muerte de su hermano, conducido ayer por la policía ante el juez de Menores. / pep Morell/efe
El adolescente de 14 años detenido por la muerte de su hermano, conducido ayer por la policía ante el juez de Menores. / pep Morell/efe

Los vecinos aseguran consternados que no eran chicos de broncas ni de malas costumbres

ARTURO CHECA

Pilar arrastra encorvada su carro de la compra por el barrio de la Florida. Entre fincas humildes de protección oficial, con carteles gubernativos de los años 50, la anciana otea los cierres echados de varios comercios sin actividad. La crisis aún aprieta en una de las barriadas humildes de Alicante. Humilde pero trabajadora. Casi nadie contesta al timbre de las viviendas. Los dueños están fuera. «En el 80% de las casas hay gente con empleo de sol a sol», señala el empleado de un taller de máquinas recreativas. Pilar habla con su amiga Dolores hasta que pasa junto a un estrecho portal. Baja la voz. «Aquí fue...», musita. Y tras las preguntas del reportero se arranca a lanzar una dolorosa moraleja: «La madre ahora tiene dos penas; la del hijo que se le ha ido y la del otro que ha sido capaz de matarlo».

Manuel observa el fondo de la calle, como buscando una respuesta donde no la hay. «Llevo más de 40 años viviendo aquí, o sea que imagínate si los conozco». El vecino no quiere entrar demasiado en qué pasó el lunes a mediodía en la vivienda para que un chaval de 19 años con toda la vida por delante acabara desplomado en el suelo de la vivienda, muerto de manera fulminante al recibir una sola cuchillada en el corazón. «¿Qué si son buenos chicos? Buenos no, fabulosos. Estamos todos consternados».

Los ladridos llenan el primer piso del edificio. Un cachorro gime y ladra detrás de la puerta al tocar el timbre. En esa vivienda residen los abuelos maternos de los tres hermanos: el joven de 19 años fallecido; el menor de 14, arrestado tras el crimen; y el tercero, de 16 y sumido ayer en el más profundo de los dolores en el tanatorio, mientras despedía a un hermano y se preguntaba una y mil veces 'por qué, por qué, por qué...' pensando en el pequeño de la familia. Los ladridos del cachorro, un dogo argentino de tres meses, fueron la antesala del desastre entre los hermanos. Una discusión por el perro que les habían regalado hacía poco fue el detonante de la letal pelea. Un mero impulso, un forcejeo, una momentánea pero mortal obcecación en el chaval de 14 años le hizo acabar con un cuchillo en la mano y su propio hermano sin vida. LAS PROVINCIAS omite los nombres de la familia, datos de sus vidas y otros aspectos de los testimonios de este reportaje para proteger la identidad del menor detenido y del fallecido. De una familia destrozada.

Fotos de felicidad

Nadie contestaba ayer en la vivienda de los abuelos maternos, ni en el ático donde se produjo el crimen que ha desencajado al vecindario y a un hogar sin signos de alarma previos. Allí trató la destrozada madre de reanimar a su hijo mientras veía como el pequeño de la casa corría escaleras abajo. Aún tenía las manos manchadas de sangre cuando llegó la policía.

El dolor no tardó en llegar hasta el padre de los tres hijos. Separado el matrimonio hace más de una década, el hombre no se hallaba en la vivienda cuando ocurrieron los hechos. En el tanatorio en el que se veló el cuerpo de su hijo sí era uno más sumido en el dolor. El ocaso de la buena relación familiar que atestiguan las redes sociales. En ellas abundan fotos de un padre feliz con sus tres hijos felices, disfrutando de una de las pasiones comunes, los deportes de montaña. De boca del progenitor salieron ayer unas de las palabras más sentidas hacia el fallecido: «Hoy mi hijo forma parte de la madre naturaleza. Estará ahí presente, vigilándonos siempre con su eterna sonrisa».

Entre fincas en construcción paralizadas y más comercios cerrados de la deprimida barriada de la Florida está el centro escolar al que iba el joven fallecido. Se graduó hace un tiempo y ahora se sacaba un dinero trabajando en un almacén de Alicante. Su sueño era hacer un módulo profesional de veterinaria. «Le encantaban los animales». Y un perro originó su temprano final. Ironías del destino. Lo recuerda Alfredo. Era uno de sus mejores amigos. «Tenían discusiones, como muchos hermanos, pero para llegar a esto...», y Alfredo negaba con la cabeza.

Él era uno de los más de 20 jóvenes que ayer atestaban el tanatorio de Alicante. «Imagínate el hermano mediano, con uno muerto y el otro en la cárcel», lamentaba a su lado otro excompañero de pupitre. María, vecina del arrasado padre de familia, tampoco sabía cómo dar el pésame: «No soy capaz de encontrar palabras compatibles con vuestro dolor».

Más

Fotos

Vídeos