Un cuarto de siglo sin rastro de Gloria Martínez

Gloria Martínez Ruiz. / lp
Gloria Martínez Ruiz. / lp

La investigación de la Guardia Civil no ha podido esclarecer si la joven murió en 1992 o está viva, la hipótesis menos verosímilLa clínica donde ingresó la menor y la psiquiatra que la asistía indemnizaron a los padres, pero la responsabilidad penal quedó extinguida

JAVIER MARTÍNEZ VALENCIA.

Un cuarto de siglo después de la desaparición de Gloria Martínez, la Guardia Civil sigue teniendo una espina clavada al no poder determinar si la joven murió la noche del 30 de octubre de 1992, cuando huyó de la antigua clínica Torres de San Luis en l'Alfàs del Pi, o está viva y mantiene oculta su identidad, la hipótesis menos verosímil para los investigadores. Tras cumplirse ayer 25 años de la extraña desaparición de la joven, las incógnitas de este caso continúan sin resolverse por la falta de pistas que arrojen luz sobre su paradero.

La responsabilidad penal de los propietarios de la clínica, que carecía de licencia administrativa para funcionar como centro psiquiátrico, quedó extinguida en el año 2000 cuando el Juzgado de Instrucción número 1 de Benidorm decretó el sobreseimiento de la investigación abierta en 1992.

Sin embargo, la responsabilidad civil por la desaparición de la joven fue determinada por la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Alicante. El tribunal condenó a la psiquiatra María Victoria Soler Lapuente y a la empresa Zopito SAL, propietaria de la clínica, a pagar una indemnización de 104.251,63 euros a los padres de la chica.

Los magistrados aumentaron la cantidad inicial de la indemnización tras llegar «a la conclusión de que la desaparición ha supuesto para la familia una tragedia que podría entenderse equivalente a la muerte de la menor, pero que en realidad es de mayor sufrimiento que la propia muerte por lo prolongado e la incertidumbre».

Gloria tenía 17 años cuando ingresó en la clínica por recomendación de la psiquiatra Soler para someterse a un tratamiento contra un cuadro psicótico agudo, que le provocaba alucinaciones y reacciones de pánico, y llegó a la residencia acompañada por sus padres, Álvaro e Isabel, el 29 de octubre de 1992.

Horas después, la menor mostró una gran alteración emocional, por lo que la ataron de pies y manos a la cama y le inyectaron una medicación. Sobre la una de la madrugada, Gloria pidió que la desataran para ir al cuarto de baño y entonces aprovechó para escapar. Los responsables de la clínica declararon que la joven huyó tras saltar una tapia, pero esta versión nunca convenció a los padres de la chica.

La falta de medidas de seguridad y de condiciones para tratar adecuadamente una enfermedad como la diagnosticada a Gloria, de las que adolecía la clínica, fueron la causa directa de la huida de la adolescente, según la sentencia que determinó la responsabilidad civil. Torres de San Luis «era un centro de tratamiento del estrés y de relax», afirma el juez César Martínez en su primera resolución, y por ende, no podía funcionar como una clínica con servicios de psiquiatría.

¿Pero dónde fue Gloria? Según las investigaciones, la joven llegó a una gasolinera cercana y fue vista por un trabajador de la estación de servicio aquella misma noche. Este hombre facilitó a la Guardia Civil una descripción de la menor que coincidía con los rasgos físicos de la adolescente y la ropa que llevaba cuando saltó la tapia de la clínica. Allí se pierde su pista.

Días después, diferentes personas aseguraron haber visto a Gloria en un camping de Altea con un grupo de jóvenes franceses y en un autobús en Alicante, pero ninguno de estos testimonios sirvió para esclarecer el caso. La Guardia Civil centró la investigación en un posible crimen, sin ningún sospechoso, y también se especuló con la posibilidad de que la menor nunca hubiera salido de la clínica, aunque los investigadores descartaron esta hipótesis al no hallar indicios criminales en las inspecciones que hicieron.

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