Jessy, la víctima de Elda: una camarera rehaciendo su vida

J. A. M. VALENCIA.

Criada entre cinco hermanas, la vida de Jessy Bravo comenzó a gestarse en Monforte del Cid. La pequeña localidad de 7.600 habitantes a pocos kilómetros al sur de Elda, en el corazón del Vinalopó, vio crecer a una niña de la que todos destacan su alegría y ganas de vivir. Era allí donde vivía ahora, reconfortada por los suyos, tras la ruptura con Imanol y los malos tragos del maltrato. Allí, en Monforte, la recordaban ayer los muchos amigos que cosechó en vida.

Jessyca comenzó sus estudios en el colegio público Jorge Juan. Recorría cada día la calle Calvario de la mano de su madre, junto a sus hermanas. Precisamente una de sus amigas fue la hoy alcaldesa de Monforte del Cid, María Dolores Berenguer, quien la recuerda como una joven valiente y enamorada de la vida.

Como la propia Jessy describe en su perfil de una red social, su siguiente escalón en su etapa educativa fue el Instituto de Educación Secundaria Las Norias, también en Monforte del Cid. En este centro, profesores y alumnos guardaron un minuto de silencio. Faltaban dos jóvenes de ESO, dos hermanas menores de la víctima que, como ella antes, cursan estudios en el centro y no pudieron acudir por la lógica conmoción por lo sucedido. Su director, Cristóbal Sánchez, recordó a Jessyca como «alegre y divertida». Abandonó sus estudios en cuarto de ESO y acabó trabajando en restaurantes de su padre.

La joven compartía con su verdugo la pasión por mantenerse en forma y por los tatuajes. Amaba el deporte y las playas. Se conocieron en el Vinalopó y mantuvieron una relación de seis años hasta vivir juntos en Elda. Tuvieron un hijo, pero los malos tratos de Imanol truncaron su proyecto de vida.

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