Arévalo, demandado por su empleada de hogar por tenerla sin contrato

El humorista Paco Arévalo, en la Ciudad de la Justicia. /Damián Torres
El humorista Paco Arévalo, en la Ciudad de la Justicia. / Damián Torres

La asistenta, que asegura que cobró en negro y luego fue dada de alta en una empresa, reclama una indemnización por su despido

A. RALLO

Francisco Rodríguez, más conocido por su nombre artístico, Arévalo, ha sido demandado por una antigua empleada de hogar que reclama una indemnización por su despido. La mujer sostiene que trabajó para el cómico valenciano sin tener ningún contrato y posteriormente fue dada de alta en una empresa del humorista para la que, en realidad, no desempeñaba ninguna tarea.

La controvertida relación laboral arranca en agosto de 2015 en una vivienda de la selecta urbanización Santa Bárbara. Durante los primeros ocho meses que la empleada se ocupó de las tareas del hogar lo hizo supuestamente sin contrato de trabajo y sin estar dada de alta en la Seguridad Social, según se recoge en la demanda presentada por la víctima.

En marzo de 2016, la situación mejoró parcialmente para los intereses de la asistenta, aunque las irregularidades persistían. Fue entonces cuando Arévalo le dio de alta en una de las sociedades bajo su control (Arroz Mercedes SL). Le hizo un contrato de 35 horas semanales, aunque en realidad su horario, que abarcaba de lunes a sábado, alcanzaba las 45 horas semanales. Diez horas más de lo estipulado en el documento, siempre según la versión de la trabajadora de hogar.

La mujer recibía 772 euros al mes por 45 horas semanales, diez más de las que se estipulaban

En definitiva, era la misma situación que ya habían pactado verbalmente cuando la mujer comenzó a trabajar para el popular cómico sin ningún tipo de contrato. En ambos periodos, el sueldo era el mismo: 772 euros mensuales.

En julio de 2016, un médico le da la baja a la encargada del hogar de Arévalo. La mujer se reincorpora dos meses más tarde, a mediados de 2016. Sin embargo, el humorista le comunica verbalmente que está despedida. No le ofrece ninguna explicación del cese de la relación laboral ni tampoco lo justifica documentalmente, según la demanda. La sorpresa fue mayúscula para la empleada, que tiene reconocido un grado de discapacidad del 45%. La mujer exige que se le readmita en su puesto de trabajo o que Arévalo le abone la indemnización que le corresponde por ley.

El conflicto se ha tratado de resolver en la vía administrativa, a través del Servicio de Mediación y Arbitraje, pero el acuerdo no ha sido posible. Con posterioridad a ese procedimiento, la mujer recibió una carta de despido en la que se reconocía que era improcedente, pero la cantidad que le ofrecían no se ajustaba a su demanda, siempre según la demandante. El juzgado ya ha señalado el juicio en dos ocasiones, pero las vistas fueron aplazadas por diferentes motivos.

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