Las Provincias

Tres años y medio de cárcel por cortarse una mano

Miguel B. P., en el banquillo de los acusados durante el juicio :: El Periódico Mediterráneo
Miguel B. P., en el banquillo de los acusados durante el juicio :: El Periódico Mediterráneo
  • El Supremo condena al hombre que se amputó la extremidad y simuló un accidente de tráfico para cobrar 1,9 millones de euros

valencia. El Tribunal Supremo ha puesto punto final al caso del hombre que se cortó la mano con la intención de cobrar 1,9 millones de euros, la suma de todo el dinero que intentó estafar a ocho compañías de seguros, y lo ha condenado a tres años y medio de prisión por un delito continuado de estafa. El alto tribunal considera probado que Miguel B. P., de 43 años y vecino de Nules, se amputó la extremidad derecha y luego simuló un accidente de tráfico para cobrar las indemnizaciones correspondientes a las pólizas que había suscrito.

La sentencia estima de forma parcial el recurso presentado por el procesado en tanto que rebaja seis meses la pena de prisión de cuatro años impuesta por la Audiencia Provincial de Castellón, pero en todo lo demás el Tribunal Supremo hace suyo el criterio del fallo recurrido. Según concluye la Sala Segunda de lo Penal, Miguel B. tendrá que devolver 335.000 euros a tres aseguradoras contratadas -con algunas tenía hasta tres pólizas- por las acciones judiciales que emprendió tras el supuesto accidente de tráfico para cobrar las indemnizaciones.

Tras conocer la sentencia, el reo manifestó a LAS PROVINCIAS que es «una humillación muy grande» para él y su familia. «Es muy duro lo que me está pasando. Me quedé sin mano en el accidente y nadie me cree», afirmó Miguel B. «No sé qué puedo hacer más. Mi mujer y mi abogado llevan todo el asunto. Estoy muy decepcionado. A mí no me pueden enviar a la cárcel porque soy inocente», masculló el hombre.

Cuando ocurrieron los hechos en 2007, el vecino de Nules trabajaba de forma esporádica en labores agrícolas y tenía graves problemas económicos para hacer frente al pago de una hipoteca. La sentencia considera probado que el procesado, para poder cobrar las coberturas pactadas, «se amputó con un instrumento cortante su mano derecha, bien solo o con la ayuda de terceros», en la madrugada del 10 de diciembre de 2007. Posteriormente, después de controlar la hemorragia con un torniquete, circuló con un Renault 19 por la carretera que une las localidades de Nules y Moncofa, y aproximadamente a las 7,50 horas, cuando aún no había salido el sol, dejó caer el coche por un terraplén.

Antes de abandonar el vehículo, Miguel B. colocó la mano que se había cortado junto al asiento del conductor y prendió fuego al coche con una bolsa de gasolina que portaba. Después, el hombre llamó al 112 y se recostó en la tierra. Cuando llegó un policía local de Nules que, junto a otros agentes de Moncofa, acudieron antes que los bomberos y la Guardia Civil, la víctima estaba fumando un cigarro con aparente tranquilidad.

El procesado declaró en el juicio que un animal invadió la calzada, mientras conducía su vehículo, por lo que dio un volantazo y cayó al terraplén, donde había una barra metálica que entró en el coche por la luna delantera y le seccionó la mano. El detective Mario Blanch, que interpuso ante la Guardia Civil la denuncia en nombre de las compañías tras una ardua investigación privada de dos agencias, explicó en la vista oral cómo Miguel B., antes del supuesto accidente, contrató o amplió la cobertura de 12 pólizas de seguros de accidente a pesar de que no tenía actividad laboral.

Según la sentencia, el acusado ocultó a las distintas aseguradoras que había provocado el siniestro en un plan maquiavélico, dado que consiguió que tres de las compañías le abonaran la cantidad que ahora tiene que devolver. «La amputación de la mano tuvo que llevarse necesariamente con anterioridad al presunto accidente, y no pudo producirse por acción del regle o barra ni desde la perspectiva de la dinámica de acceso a la mano, ni desde el examen de las características de la lesión producida», asevera el fallo.

Los indicios plenamente acreditados para condenar a Miguel B. se apoyan en su perfil de riesgo, que no justifica la contratación de tantas pólizas en tan poco tiempo, y se basa también en su situación económica al considerar impropio que una persona con tales deudas contrate tantos seguros. En su recurso, el reo adujo que sufre un cuadro psiquiátrico grave crónico -con actual diagnóstico de esquizofrenia paranoide-, alegó también que el corte de la mano no fue limpio y se produjo en el accidente, y por último, que la amputación de la mano no era la única cobertura garantizada en las pólizas contratadas. Sin embargo, el Supremo solo estima la atenuante de dilaciones indebidas y reduce la pena seis meses.