Las Provincias

La policía detiene en Altea al jefe de una célula de captación de Daesh

Un furgón en la calle de Altea donde la Policía Nacional detuvo al presunto yihadista. :: efe
Un furgón en la calle de Altea donde la Policía Nacional detuvo al presunto yihadista. :: efe
  • Una operación se salda con otros tres yihadistas arrestados en Ceuta y Marruecos que integraban dos grupos de adoctrinamiento

Las policías de España y Marruecos, en colaboración con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), desarticularon ayer dos células yihadistas tras detener a sus cuatro integrantes de nacionalidad marroquí. Dos de ellos fueron apresados en España, concretamente en Altea y Ceuta, y los otros dos en las ciudades marroquíes de Tetuán y Castillejos. El hombre arrestado en la localidad alicantina es un «líder virtual» de la organización terrorista Daesh, según fuentes de la lucha antiterrorista, que consideran a este individuo como un director espiritual del yihadismo.

Las investigaciones se iniciaron en el año 2014, cuando la policía comenzó a vigilar a dos marroquíes que habían residido en España en el pasado y se habían integrado en Daesh en la zona de conflicto sirio-iraquí. Los presuntos terroristas formaban parte de un grupo que se desdoblaba en dos células en España y Marruecos con cometidos específicos. Las personas detenidas habían logrado constituir un entramado colaborador estable, tanto en España como en Marruecos, por lo que sus integrantes presentaban elevados niveles de radicalización y profundo compromiso con los postulados de Daesh.

La célula marroquí se encargaba de mantener la ortodoxia y realizaba el adoctrinamiento «para cohesionar la estructura de la red frente a cualquier contingencia externa», según la policía. El grupo que actuaba en territorio español desarrollaba labores concretas de selección, captación y adoctrinamiento de nuevos integrantes para enviarlos a la zona de conflicto sirio-iraquí.

Otros yihadistas afincados en Siria conectaban las dos células con Daesh, dirigían la estrategia mediante instrucciones concretas de funcionamiento y les proporcionaban el material propagandístico terrorista para su difusión. La relación entre las dos células desarticuladas era posible mediante frecuentes viajes que los individuos detenidos realizaban a España y Marruecos. Su objetivo era fortalecer la cohesión del grupo y determinar las líneas de actuación y el apoyo logístico.

Además, la estructura terrorista asumía plenamente la estrategia global diseñada por Daesh en lo referido a formación de células locales autónomas, que se erigen como una prolongación de la organización terrorista. De esta forma, la peligrosidad de los detenidos se debía, no solo a su capacidad de adoctrinamiento, radicalización y captación de adeptos para la yihad, sino también a su predisposición a dar el siguiente paso. Estaban preparados para desplazarse a la zona de conflicto, con la presunta intención de cometer atentados suicidas, o para perpetrar algún tipo de ataque terrorista en su país de origen o residencia.

Ambas células utilizaban las redes sociales como plataforma de intercambio y difusión de mensajes. Además de publicitar y ensalzar el ideario de Daesh, los individuos arrestados realizaban llamamientos a todos los musulmanes y los incitaban a alzarse con armas para eliminar a los infieles.

Los dos detenidos en España habían jurado lealtad a Daesh y mantenían, como activistas de pleno derecho, una comunicación directa, constante y fluida con reclutadores y dirigentes de la organización terrorista. Estos dos hombres habían asumido roles perfectamente diferenciados. Mientras el yihadista arrestado en Ceuta centraba su función en adoctrinar y radicalizar seguidores para la yihad, el hombre de 38 años apresado en Altea actuaba como «líder carismático virtual», según la policía, y era considerado como un director espiritual, lo que convertía a esta persona en una peligrosa arma captación.

Los yihadistas detenidos adoptaban fuertes medidas de seguridad en lo que respecta a sus desplazamientos y comunicaciones telefónicas. De esta manera restringían sus contactos a su círculo de confianza para evitar que su actividad fuera detectada por la policía.