Las Provincias

El Supremo confirma 15 años de prisión a un monitor de los Juniors de Xàtiva por abusos sexuales

  • El joven, que tenía 19 años cuando ocurrieron los hechos, también ha sido condenado por corrupción de menores, quebrantamiento de medida cautelar y utilización de menores para la elaboración de material pornográfico

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha confirmado la condena a 15 años de prisión impuesta por la Audiencia Provincial de Valencia a un monitor de los Juniors de la iglesia Virgen de la Seu de Xátiva por los delitos de abusos sexuales, corrupción de menores, quebrantamiento de medida cautelar y utilización de menores para la elaboración de material pornográfico. La Sala rechaza el recurso de casación interpuesto por el condenado y confirma el fallo de la sentencia recurrida.

Los hechos se remontan al año 2011, cuando los menores tenían 11 y 12 años de edad y el ahora convicto 19. El joven entabló amistad con los menores y les invitaba al garaje de la planta baja del domicilio en el que residía junto a sus padres en la localidad de la Costera.

Así, desde junio de 2011 hasta los primeros meses del año 2012, uno de los menores acudió a su casa en más de 20 ocasiones para que el acusado le arreglara la bicicleta o para jugar a la videoconsola. El joven le insistía con llamadas o vía Internet para que le visitara, y cuando estaban solos abusaba de él, según el relato fiscal.

Por otro lado, entre marzo y diciembre de 2011, el procesado invitó a otro menor a su garaje también para jugar a la videoconsola y éste aceptó por la insistencia de sus llamadas, ya que solía telefonearle unas cuatro o cinco veces al día. En ocasiones abusaba de él.

El 30 de noviembre del año 2012 las fuerzas de seguridad registraron su casa y encontraron un ordenador portátil con imágenes y vídeos de pornografía infantil y con una grabación a uno de los menores mientras se masturbaba en su garaje. Se halló material descargado de Internet para uso propio y para ser transmitido a otros usuarios de la red.

En noviembre de 2012 se dictó una orden de alejamiento que le prohibía al hombre acercarse a uno de los menores y, sin embargo, se la saltó en dos ocasiones. Una de ellas una semana antes de las fiestas navideñas, cuando se encontró con el niño a escasos metros de su casa; y otra cuando fue al gimnasio en el que el menor jugaba al fútbol y desde donde se le quedó mirando desde la cristalera de la sala de pesas.